Animarse a probar y vivir el arte.

En nuestra vida estamos rodeados de imágenes, sonidos, texturas, y gran cantidad de elementos que generan en nosotros diversos sentimientos, emociones y experiencias. Muchas de esas experiencias las vivimos “desde afuera” como algo ajeno a nosotros, o como algo que solamente podemos percibir o apreciar desde lejos. A veces encontramos cosas que nos dan ganas de conocer más a profundidad, o de animarnos a probarlas; pero no nos sentimos capaces, o nos da miedo hacerlo mal o equivocarnos.

Una de esas experiencias de vida es el arte; en sus múltiples formas y manifestaciones está siempre presente en la vida y el mundo en general. Y si a veces sentimos que no tenemos “nada que hacer” o que la vida es muy rutinaria, yo quiero hacer una invitación: “Probemos y vivamos el arte”.

Por supuesto que el simple hecho de apreciarla ya es una acción importante, que puede desarrollar en nosotros muchas emociones, experiencias, gusto y criticidad; pero el arte es algo tan amplio y tan diverso, que nos da un mundo de posibilidades para conocer, explorar, probar y disfrutar. Y es muy probable que cuando lo hagamos vayamos descubriendo todo un mundo en nosotros mismos, y encontremos nuevas cosas que nos hagan vivir más plenamente, incluso para seguir una profesión, o disfrutar más nuestro tiempo libre.

Según el diccionario de la RAE, uno de los significados de arte es una “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real (…)”. Es decir que el arte, al fin y al cabo son formas de ver, comprender e interpretar la realidad que cada persona vive y percibe.

Sabemos que en las artes hay niveles tan diversos como en otras áreas de la vida; hay personas que son profesionales con técnicas muy estudiadas y preparadas, y hay personas que, sin ninguna experiencia o formación, encuentran la manera de expresar el mundo a su propio estilo. Y es que, finalmente, el arte es eso, es una manera de transformar, expresar, comunicar y mostrar mi propia manera de ver el mundo y la realidad que me rodea.

Quizás no todas las personas tienen talentos innatos para las artes; pero cualquiera puede probar el arte y hacerlo también a su manera. Quizás un sencillo dibujo, escribir un poema o un cuento, o ir más allá y probar un instrumento musical, o inscribirse a clases de baile. Hay miles de cosas que se pueden hacer para acerarnos al arte; y si en alguno no nos sentimos bien, o descubrimos que no es lo nuestro, habrá muchas más para probar y conocer.

El arte puede ser una gran herramienta para conocernos mejor a nosotros mismos, conocer a otras personas, expresarnos y comunicarnos de formas diferentes, desarrollar habilidades distintas (manuales, físicas, mentales), así como socializar con otras personas de maneras diferentes. También nos puede ayudar a fortalecer nuestra propia identidad, personal y comunitaria, a recrearnos, manejar el estrés y la ansiedad, y salir de la rutina; así como a reflexionar sobre la vida desde puntos de vista muy diversos.

Así que, si hasta hoy no te has animado a probar el arte, te animo a que lo intentes. Hay tantas posibilidades de conocer, de probar, de aprender; y hay tantos recursos en las comunidades como en el mismo internet y las bibliotecas. Pinta, dibuja, canta, haz origami, maquetas o candelas, baila, dramatiza, y explota ese mundo que te rodea y que está también dentro de ti.

«Más valen dos que uno…»

Hay un pasaje bíblico que reza: “más valen dos que uno, porque sacan más provecho de lo que hacen. Además, si uno de ellos se tropieza, el otro puede levantarlo. Pero ¡pobre del que cae y no tiene quien lo ayude a levantarse!” Eclesiastés 4:9-10

Cuanta verdad hay en estas palabras. Sin duda los seres humanos necesitamos el contacto con otros, un hombro, un abrazo, una palabra… Fuimos creados para amar y ser amados en medio de la expresión de quienes somos.

“Mas valen dos que uno” no significa que nuestro valor dependa de estar con una persona o que estamos incompletos solos. Significa que todo el potencial, capacidad y virtud es magnificada cuando permitimos que la compañía de nuestro entorno nos mejore y levante.

El trabajo en conjunto con otros es sinónimo de cosechar doble, recibir pago doble, es comer más, es disfrutar por mucho, es multiplicar lo bueno, es hacer las cosas más perfectamente, no es un cabeza y un corazón, son dos o más, unificados en el bienestar mutuo.

A esta conjunción de virtud y de coincidencia llamamos redes de apoyo. Son estructuras que proveen soporte y fortaleza a las personas en diferentes áreas o momentos. No siempre serán las mismas personas, no siempre serán muchas, no siempre serán las que esperamos, pero debemos tener claro siempre algo vital: siempre las hay. Aunque sea una sola.

Las funciones de las redes de apoyo son tantas como humanos hay en el mundo. Desde cuidar físicamente como apoyar en lo emocional en miles de escenarios, alegres o desgarradores. Son esos remolcadores cuando el carro de la vida se frena.

La vida nos asegura aflicciones y sufrimientos. Nos asegura caídas. Al ser esto así tenemos 2 opciones: esperar con ahínco el día de nuestra muerte o tomar las riendas de las responsabilidades que se desprenden de nuestra vida y tejer con esmero ese abrigo de apoyo que necesitamos para sobrevivir.

¿Cómo construir y fortalecer nuestras redes de apoyo?

El más capacitado ocupa siempre de alguien más. Estamos hechos para poder ser complementados, en muchos sentidos. No todo lo podemos hacer solos, y lo que si podemos estoy segura podría ser mejor o podría magnificarse con participación de ojos, manos y perspectivas diferentes a las nuestras.

Nuestra naturaleza nos lleva siempre a necesitar de otros… desde que nacemos dependemos, morimos dependiendo. Esto definitivamente es una aclaración de parte de la vida que nos dice que no es malo necesitar a las personas. De hecho pueden ser vitales. Además, también esto me lleva a pensar que soy parte del tejido de cuido y apoyo de otras personas. Algo que yo diga o haga podría ser necesitado por otra persona. Es un llamado a no abandonar nuestra misión por el bien del tejido de cuido al que (nos) pertenecemos todos.

«Desde que nacemos dependemos, morimos dependiendo»

Hay varias formas de fortalecer una red de apoyo y brevemente te quiero nombrar algunas que ojalá sirvan para que las redes con las que contamos sean más resistentes y provechosas:

  • Seamos intencionales. en un momento de la historia tan apremiante separar tiempo desinteresadamente para otro es oro. Toda excusa es válida para ayudar, para estar.
  • Seamos sinceros. La sinceridad a pesar del dolor que esta pueda causar es la mayor muestra de buenos deseos.
  • Seamos humildes. NOS necesitamos, unos a otros. Todos en algún momento estaremos abajo en la montaña rusa que es la vida.
  • Seamos agradecidos. La gratitud multiplica lo bueno. Nos aclara el panorama y quienes reciben gratitud se motivan a dar y ser más.

Haz lista de tu red de apoyo y piensa en las personas para quienes eres parte de la suya. Agradece. Estamos en un gran tejido de cuidado, consejo y protección. Me encantará pensar que estoy en este momento siendo parte de la tuya al recordarte todo lo valioso que te rodea.

Responsabilidad afectiva; ¿Una moda o un estilo de vida?

En nuestra sociedad líquida como nos propone Bauman y de la cual les puedo hablar en otro momento, las relaciones interpersonales cada vez más pasan a un plano en el cual las personas con las cuales nos relacionamos, no permanecen en el tiempo. Cada vez es menos frecuente escuchar de reuniones de generación de colegio o de matrimonios o amistades de años, pues el mismo ritmo acelerado de la vida hace que muchas veces sean más las relaciones pasajeras que las que perduran a lo largo de nuestra historia.

Es aquí donde el término de responsabilidad afectiva ha ido ganando terreno en los temas de desarrollo personal, en los trending topics de los influencers que seguimos y al lado de este término, muchos otros que denotan la necesidad de fortalecer esta capacidad de poder expresar de manera clara nuestros sentimientos y metas en cada relación en la que estemos, no necesariamente amorosa, sino de cualquier tipo en la que compartamos con otras personas.

¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva se basa en el consenso, cuidado y diálogo sobre los sentimientos y emociones que surgen en una relación de cualquier naturaleza. Cuidar implica escuchar al otro y acompañarlo teniendo en cuenta sus emociones. Sólo cuando somos responsables emocionalmente podemos generar vínculos sanos y duraderos.

Ahora bien cómo podemos poner en práctica la responsabilidad afectiva en nuestra vida. Esta se ejercita con el tiempo y depende de factores adicionales como el autoconocimiento, nuestro proyecto de vida y las expectativas que tengamos al respecto de una relación. Antes de abrirle un espacio en nuestra vida a una persona es importante tanto para nosotros como para la otra persona tener claridad de qué esperamos obtener de esa relación hasta donde estamos cómodos y dispuestos a llegar, poner límites claros y esto sin hacerlo de una forma egoísta o inquisidora sino buscando el diálogo asertivo y llegando a consensos con la otra persona.

Es muy importante darle el valor que se merece tanto a cada persona en nuestra vida como a cada relación, recordando que estas van creciendo y evolucionando a lo largo del tiempo y que siempre el espacio de apertura y diálogo debe ser lo primordial. Te invito a valorar esas relaciones significativas en tu vida y poder ejercitar nuestra responsabilidad afectiva con los demás.

Familia al Instante

Pete (Mark Wahlberg) y Ellie (Rose Byrne), son un matrimonio que tiene ya varios años juntos y se dedican a comprar casas y restaurarlas. Si bien se muestran felices con vivir como matrimonio sin hijos, llega un momento en que comienzan a cuestionar si desean llegar a tener hijos y ampliar la familia, sin embargo, no lo pueden hacer de manera natural, es así como deciden adoptar. Pete y Ellie en el proceso se deciden a aventurarse a adoptar a tres hermanos (Lita, Juan y Lizzie) de 7, 11 y 15 años, con todas las situaciones que eso les va a traer. 

Desde el inicio, en la película se muestran algunas de las ideas preconcebidas por las personas que desean adoptar, por ejemplo, cuando mencionan que es usual que las familias adoptantes busquen niños o niñas pequeños, o si buscan que sean de orígenes étnicos específicos.

También se muestran las diversas motivaciones que impulsan a esas personas a buscar adoptar, desde la imposibilidad de tener hijos biológicos, un deseo desde la fe, o hasta el anhelo de llegar a tener un hijo o hija que sea exitosa en alguna área.

Miguel Pérez Pichel (2020), en su artículo “Adopción: 6 problemas frecuentes de los niños adoptados”, hace alusión a esas situaciones que las personas menores de edad adoptadas pueden presentar:

1. Adaptación. En la película se muestra muy claramente la manera en que tanto los niños como sus padres adoptivos se deben adaptar a su nueva realidad.

2. Miedo al abandono. Juan es una muestra constante de esa situación, ya que durante gran parte de la película el niño se muestra más sensible. Luego Lizzie al final de la película también muestra su temor a ser abandonada.

3.Oposición a todo. Lizzie además de ser una menor adoptada, está pasando por su adolescencia, por lo tanto, muestra rebeldía y se opone a las reglas que sus nuevos padres les imponen.

4. Comportamiento infantil. Lita hace rabietas de manera constante cuando no recibe lo que ella desea (comidas específicas, juguetes, etc.)

5. El colegio (educación). Lizzie muestra su rebeldía en su colegio al comenzar a tener una relación con un joven que trabaja ahí, quien es mucho mayor que ella.

6. Trastornos de vinculación. Los tres niños muestran en diversos momentos éste problema de vinculación, pero también los padres adoptivos lo enfrentan ya que cuando las situaciones se complican incluso consideran la posibilidad de devolver a los niños al sistema de adopciones.

«Las pequeñas almas encuentran su camino hacia ti, ya sea desde tu vientre o desde otra persona»

Sheryl Crow

La película tiene un desenlace sumamente conmovedor, cuando la familia se termina de constituir de manera legal, pero para llegar a ese punto debieron pasar por un proceso de aprendizaje mutuo, de aceptación de sus mismas realidades y de afrontamiento de sus procesos de duelo.

Es una maravillosa muestra de que las familias pueden ser tan variadas y maravillosas, que siempre lo más importante será el amor que las une y que frente a las adversidades siempre es más valioso todo lo que se va construyendo junto a las personas que amas.

La gotera energética

El drenaje de energía es uno de los grandes males que podemos sufrir en la vida. Desde algo tan simple como no descansar lo suficiente hasta algo tan complejo como enfrentar una relación sentimental complicada, pasando por angustias, desempleo, situaciones familiares, enfermedades, mala alimentación, etcétera.

Y es que el entorno actual no invita a ‘ahorrar energía’. El grueso de los medios de comunicación se nutren de negativismo, en sus reportajes y en las réplicas en redes sociales, que los jefes nos acosan 24/7 con el estado de hiperconexión en que vivimos. Hasta recientemente me sucedió que a las 11:30 p.m. andaba un gato en el techo de mi casa con el respectivo alboroto y ladridos de Luna y Canela, las mascotas nuestras.

Sin embargo, necesitamos parar ese drenaje energético, arreglar esa gotera –o goteras, por donde se nos diluye nuestra, ya de por sí, limitada energía diaria.

Hay tres propuestas interesantes al respecto. Cada una de ellas da para un libro y de hecho hay muy buena información disponible ya, sin embargo, vamos a pasar muy brevemente por allí. No suelo ser místico ni en mis apreciaciones ni en mis sugerencias y en esta ocasión quiero mantenerme en esa línea. No es algo de buenas vibras sino, más bien, de trabajo intencionado:

  • Enfocar: ¡hay tantas posibilidades de distracción en el mundo! Y en nuestro entorno cercano funciona igual. Una buena idea para frenar el drenado de energía es empezar a dejar de lado actividades. Pues si, habrá quien se enoje y resienta, pero es que hay personas que no tienen espacio más ni para un alfiler en su agenda diaria. Hay que aprender a gestionar nuestro tiempo y nuestras actividades. El mundo no se va a acabar porque dejés de ir por algunos meses al curso de suculentas.  Enfocate.
  • Recargar: pues ya lo comentamos algunas líneas atrás, pero lo cierto es que es necesario recalcar la importancia del descanso, de la buena alimentación, de la desconexión digital y, por otro lado, la conexión con vos misma/o. Ocupate de hacer cosas que te recarguen e intencionadamente metelas en tu agenda diaria. Date ese espacio de recarga que necesitás.   
  • Fluir: ¿alguna vez has estado en una conversación o actividad en la que se te pasan horas y en la que gustosa/o seguirías mucho rato más? Ese estado es conocido como ‘el flujo’. Muy ligado a los puntos anteriores, es importante que descubrás qué actividades te hacen fluir y empezar a hacerlas. Ello no supondrá un desgaste mayor a tu energía sino que, al contrario, te puede llenar de vitalidad.

En nuestras casas probablemente no logremos vivir muchas horas sin la energía eléctrica. Pasa lo mismo con nuestra energía diaria. Aprendamos a mantener los niveles altos y a encontrar los espacios para crecer nosotros mismos.

¿Cómo tener el perfil que las empresas buscan?

“He dejado mi currículum en varias ferias de empleo y he estado varias entrevistas, pero no me contratan… ¿Por qué?”

¿Alguna vez le ha pasado esto? En realidad es más común de lo que nos imaginamos.

Varias veces que he asesorado personas en el tema de empleabilidad, he escuchado que dicen que no cumplen con el perfil que buscan las empresas. ¿Y qué es eso del perfil?

Cada puesto que la empresa ofrece tiene un perfil específico de persona a la que buscan. Este perfil usualmente tiene características y habilidades o destrezas específicas las cuales son necesarias para desempeñarse de manera más efectiva en el puesto al que me están contratando.

Pero entonces nos surge la pregunta: ¿cómo tener el perfil que las empresas buscan?

Primero que todo es importante “hacer la tarea”, es decir averiguar sobre la empresa, sobre qué tipo de trabajo desarrolla y otras preguntas más para poder darnos una idea de cuáles son estas características que buscan en alguien.

Si estoy buscando trabajo en una empresa de tecnología, muy probablemente me van a pedir que tenga dominio básico, intermedio o avanzado en el uso de ciertos programas computacionales, por otro lado si quiero trabajar en el área contable de una empresa, debo ser muy hábil con los números.

En algunos casos las empresas revelan el perfil de la persona que buscan, en otros casos no, por eso es importante hacerme las siguientes preguntas: ¿qué tengo yo que no tenga nadie más? ¿Por qué deben contratarme a mí y no a la otra persona? ¿Cuál es mi valor agregado?

Recordemos esto: en muchos casos, para los empleadores es más importante ciertas habilidades o destrezas que tenga la persona antes que un montón de títulos pero sin ningún tipo de habilidad.

Debemos ir un paso adelante y pensar en todas las posibilidades, por eso aquí les dejamos algunas recomendaciones para tener un perfil más atractivo para las empresas:

Dominar al menos un tercer idioma: ya nadie espera que usted hable inglés, ya asumen que usted lo habla y lo domina, por eso es importante que además de este, busque aprender y dominar al menos un tercer idioma.

Afinidad a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s): si usted es de esas personas que no es muy amiga de las computadoras y redes sociales, pues tal vez sea hora de llevar al menos un curso básico para que empiece a dominar esta área.

Encuentre su valor agregado: recuerde la pregunta ¿qué tiene usted que no tenga la otra persona? Si usted no ha hecho nada más que estudiar y tener algunos trabajos, es hora de que empiece a llevar cursos libres “de lo que sea”, es decir, según sus intereses puede llevar un curso artístico, recreativo, deportivo, cultural u otro, lo cual le permita desarrollar habilidades o destrezas que sean de interés para el empleador.

Enfrente sus miedos: si le cuesta mucho hablar en público, empiece a participar de algún grupo social, comunitario, religioso o de voluntariado en el cual pueda vencer su timidez y desarrollar su liderazgo, su capacidad de trabajar en equipo y de manejar grupos.

Y lo más importante… ¡recuerde hacer su tarea! Mientras más información tenga sobre la empresa y sobre el puesto al que desea aplicar, más recursos tendrá para prepararse y convertirse en EL perfil que buscan las empresas.

Te mando un fuerte abrazo… ¡Animo!

Hoy se celebra el día del trabajador y en fechas como esta, valoramos y agradecemos el trabajo, pero en la mayoría de los casos, se nos olvida agradecer lo que tenemos.

Hace una semana falleció una persona querida para mí y muchas veces damos por sentado lo que tenemos y es cuando no lo tenemos que empezamos a valorarlo y muchas veces hasta lloramos por esa pérdida.

Personalmente me siento en paz porque siempre estuve ahí para esa persona y traté de compartir con ella la mayor cantidad de tiempo y darle calidad de tiempo, así que no siento culpa, pero he estado observando a otras personas y pensando que muchas veces sentimos una gran culpa por no hacer algo o por no pasar tiempo con aquella persona y me puse a pensar: ¿cómo podemos hacer para sobrellevar un duelo, ya sea por la pérdida de un ser querido, de un trabajo, de una relación de pareja, etc.?

Ciertamente la sociedad no nos enseña cómo manejar nuestras emociones y menos cómo sobrellevar un duelo. Cada persona lleva su duelo a su ritmo pero cuando nos toca llevarlo, no sabemos cómo manejarlo, qué hacer o qué decir. Es por eso que quiero compartirles algunas recomendaciones de cómo manejar nuestras emociones, cómo sobrellevar un duelo y qué hacer en momentos como estos.

1. Primero que todo… agradecer: En la medida en que agradezcamos el tiempo que vivimos con esa persona y recordemos los momentos bonitos que vivimos, la persona siempre estará viva en nuestro corazón.

2. Resignificar: aprendamos a darle un nuevo significado a la muerte o a la pérdida, dejemos de preguntarnos el “¿por qué tuvo que suceder eso?” y empecemos a preguntarnos “¿para qué sucedió?”, es decir… gracias a esto que pasó… ¿Qué aprendí? ¿Cómo me hace crecer o me hizo crecer esta situación?

3. Escuchemos: dejemos de hablar y escuchemos a nuestro corazón y a nuestras emociones, pongámosle nombre a lo que sentimos.

4. Expresemos: después de habernos escuchado, aprendamos a expresar lo que sentimos y pensamos, no lo reprimamos porque nos va a hacer más daño, hay que buscar cómo “sacarlo”, para eso es importante buscar a alguien de confianza y de ser necesario, ayuda psicológica.

5. Y sobre todo recordar… “no es mi culpa”: muchas veces cargamos con la culpa por lo que sucedió, por la muerte de una persona, por el final de una relación de pareja, por la pérdida del trabajo, etc., pero hay que recordar que lo que ya pasó… ya pasó y no lo podemos cambiar, no se trata de encontrar culpables, y recordar que cuando las personas toman decisiones, son decisiones de personas adultas y tenemos que aprender a respetarlas, entonces no busquemos culpables y mucho menos yo sentirme así, más bien pensar “a partir de hoy, ¿qué puedo hacer para seguir adelante con mi vida, qué puedo hacer para crecer?”.

Y por último, aprendamos a ACOMPAÑAR, es decir, a caminar a la par y darle el espacio a la persona para que haga su camino, pero ir a la par. Dejemos de atacar con preguntas como: ¿qué pasó o qué sucedió? En los momentos difíciles las personas sólo quieren un hombro amigo que esté ahí para ellas, que las acompañe y las abrace.

Si estás pasando por un mal momento, date la oportunidad de vivir tu duelo, no dejés que nadie te presione, hacé algo que te guste, tratá de estar en contacto con la naturaleza, acompañate de tus seres queridos y de ser necesario, buscá ayuda profesional.

De mi parte, te mando un fuerte abrazo… ¡Animo!

Hablemos sobre videojuegos

              Se estima que en el mundo unas 3000 millones de personas hacen uso de videojuegos, ya sea mediante consolas (como Play Station, Xbox, Nintendo, etc.) o desde su computadora, tablet o celular. Muchas personas han optado por este tipo de recreación, lo que hace que la pregunta sobre si ¿jugar videojuegos es bueno o malo? esté cada vez más presente en nuestro entorno.

              Me gustaría comenzar repasando los beneficios que se han venido investigando durante años, pues es común que entre tantas voces que nos alcanzan día a día podamos caer en estereotipos y noticias falsas que solo nos muestren una cara de la moneda. Se ha encontrado que los videojuegos pueden estimular habilidades como percepción, atención, agudeza visual, toma de decisiones, creatividad, resolución de conflictos, manejo de emociones, liderazgo, cooperación, trabajo en equipo, entre otras habilidades sociales; también pueden favorecer al aprendizaje por ejemplo idiomas, países y culturas, manejo del dinero, historia, matemáticas, física y otras ciencias, entre otras; además el uso recreativo favorece en múltiples formas, entre ellas la reducción del estrés y la ansiedad, el cambio de enfoque, la socialización, la satisfacción por la vida, la motivación, entre otras.

              Sobre las consecuencias negativas que pueden llegar a tener las personas que usan videojuegos, se ha encontrado que el grado en qué les afecta depende principalmente de cuatro variables: el tiempo y frecuencia de juego, la forma en la que se juegue, el tipo de videojuego y si existen condiciones previas en la persona que le puedan indisponer negativamente. Algunas de las consecuencias negativas encontradas en los estudios son: la dificultad para el manejo del tiempo, la reducción del rendimiento académico y/o laboral, el aislamiento, la desnutrición, el conflicto con padres o figuras cuidadoras, el pensamiento agresivo y la conducta violenta.

              Es importante señalar que al día de hoy, desde la investigación científica, no se ha comprobado la existencia de la adicción a los videojuegos, pero es un tema que todavía se sigue estudiando para encontrar de qué formas puede alcanzar efectos negativos en la persona, aun así se han señalado algunos comportamientos que son importantes de observar: la preocupación excesiva por el juego, sentimientos negativos asociados, la imposibilidad de reducir la cantidad de tiempo de juego, mentiras asociadas al uso de videojuegos y la pérdida de relaciones, trabajo o estudio debido al juego.

              Entonces, como todo aquello que apasiona al ser humano, no se trata de polarizar si es bueno o si es malo, sino de establecer límites que impidan que se lleve a un extremo perjudicial, te propongo algunas formas en las que la persona puede regular su uso de videojuegos son:

  • Establecer con claridad las responsabilidades y prioridades que se deben cumplir en el día o semana.
  • Definir horarios y cantidad de horas dedicas al uso de videojuegos.
  • Reconocer los estilos y tipos de videojuegos de su interés y buscar cuáles videojuegos de esa categoría le pueden aportan mayores beneficios.
  • Equilibrar el tiempo dedicado a los videojuegos con otros tipos de recreación.
  • Mantener una constante autoobservación sobre su forma de comportarse durante el uso del videojuego para encontrar puntos de mejora en el manejo de su frustración o emociones.

              En el caso de las personas menores de edad, es importante que exista una continua supervisión, una comunicación clara sobre las situaciones que se presentan durante el uso de los videojuegos y una ayuda adecuada en el establecimiento de límites, no sin antes comprender qué significa para ellas y ellos y cómo estos mundos virtuales también se han convertido en un espacio para encontrarse con sus pares, expresar su identidad y tener nuevas experiencias.

Si te gustó, comentá y dejanos tus preguntas.

¿Soy como la Filoxera?

¿Cuántos hemos escuchado a amistades o familiares que realizan comentarios hacia otras personas? ¿Cuántas veces esos comentarios son positivos?

Todas las personas hemos pasado por estos momentos, que escuchamos, o bien, decimos comentarios que no edifican cuando vemos o escuchamos algo de alguien, sin saber la realidad de esa persona o si está pasando por alguna situación difícil.

Con el ajetreo diario se nos olvida que todos somos humanos y por ende no hay perfección, nos pasa que quizá alguien nos atendió mal en una tienda, vamos acompañados e inmediatamente decimos muchas cosas sobre ese trabajador, pero se nos olvida ponernos en los zapatos de él o ella, donde hay una posibilidad de que esté triste por alguna situación en su casa. Es lo justo que nos sintamos molestos por su mala atención al cliente, pero no justifica el tratar mal a esa persona y realizar comentarios negativos con otros.  

Debido a estas situaciones les cuento un poco, sobre la Filoxera que me enseñó mucho de qué debo decir o no ante alguna situación.

La Filoxera es un insecto pequeño y amarillento que ataca la vid. Este insecto es tan destructivo que una de sus formas de propagarse es por medio del aire, por ende, contamina a las demás plantas una manera rápida.

Anteriormente si una planta estaba contaminada por la Filoxera, para erradicarlo, se probaron varios métodos, pero el más efectivo era arrancarla y si es mucha la propagación se debía quemar para que no dañara las demás viñas, es decir solo el fuego podía acabar con la Filoxera.

Aquí es donde les pregunto ¿somos como la Filoxera?

Es bueno que lo analicemos cada cierto tiempo de nuestras vidas, porque como comenté antes, nos puede pasar que vemos a una persona que no hace algo bien e inmediatamente decimos comentarios que no son positivos y aún más si vamos con un amigo opinamos: “viste que mal me atendió”, “quién sabe por qué es tan amargado”, entre otros comentarios, que al decírselo a esa amistad no estamos contribuyendo y estamos contaminando la mente de él o ella sin necesidad.

También por ejemplo, nos puede  pasar que un amigo adquiere un carro nuevo y se vienen comentarios entre el grupo:  “seguro lo hace por aparentar”, “no tiene plata y se compra un carro”; pero si nos detenemos un momento y analizamos ¿de qué sirve que hagamos estos comentarios? En nada.

Actualmente debemos de tener mucho cuidado con lo que hablamos,  incluso con lo que vemos o escribimos en redes sociales, porque no sabemos si estos comentarios pueden herir a las personas, no tenemos idea si está pasando por un momento muy difícil en su vida, y por lo que decimos, estamos contaminando como la Filoxera los pensamientos de las personas con las que conversamos y dañando  por ejemplo, a mi amigo el que tiene carro nuevo.

En esta vida debemos ser más empáticos, ponernos en los zapatos del otro y pensar: “puede ser que tenga un mal día”, “si está molesto por algo será, voy a preguntarle si está bien”, que positivo es para nosotros y nosotras pensar así, analizar las situaciones desde una perspectiva distinta y no llegar a ser como la Filoxera contaminando a los demás.    

Por eso debemos analizar si somos como la Filoxera, si esos comentarios contaminan a los demás, si eso que vamos a decir no edifican y va a ocasionar que las personas pasen un mal rato por lo que acabamos de decir, incluso lo que comentamos en redes sociales. Cada vez que esto pase conmigo o lo vea con los demás seamos empáticos, pensemos cómo quemar esa Filoxera para que no dañe, en cómo erradicar este insecto tan pequeño, para que no nos aleje de ponernos en los zapatos del otro.

Otra semana… Santa?

La Semana Santa siempre le dice algo a todas las personas. A muchos les hace pensar en procesiones, viacrucis y en las celebraciones propias de sus denominaciones religiosas. A otras les hace pensar en comidas especiales, pescado, miel de chiverre, y otras que se suelen disfrutar en familia en esta época; a otras quizás en vacaciones y descanso.

Más allá de las creencias y la religión a la que una persona pertenezca, la Semana Santa siempre hace pensar en una gran cantidad de imágenes y símbolos que nos refieren al significado que esas fechas tienen para las personas. Pero a veces olvidamos que en nuestra vida cotidiana nos rodean también una gran cantidad de símbolos y rituales que tienen mucho que ver con el sentido profundo de aquellas cosas a las que hacen referencia. Esto tiene relación también con aquello que para cada persona representa algo “sagrado”, y los símbolos que asocia a ello.

Es importante tener la oportunidad de reflexionar sobre lo que para persona es “lo sagrado”, y cómo también en nuestra vida diaria podemos encontrar una serie de simbolismos, y elementos que nos hacen pensar, sentir o vivir con una mayor profundidad.

Hablar de lo sagrado, es hablar sobre aquellas cosas que para cada persona tienen un valor muy profundo, las cosas que son “realmente importantes”, o que le mueven en la vida. Para muchos puede ser lo religioso o espiritual; pero también hay muchísimas otras cosas que pueden ser sagradas para las personas: la verdad, la familia, o incluso la vida misma. Cada persona en su día a día, tiene cosas diferentes que le dan un sentido a su existencia. Saber reconocer cuáles cosas son para mí sagradas en mi vida, en mi familia, en los lugares donde me desenvuelvo, me puede ayudar a conocerme mejor y relacionarme mejor y más profundamente conmigo mismo y con las demás personas con las que me relaciono.

Lo mismo sucede con el tema de los símbolos y los rituales. La vida misma está llena de ellos, pero muchas veces no nos damos cuenta del papel que juegan en nuestro diario vivir. Los símbolos son aquellas cosas que hacen presente una realidad más allá de sí mismo; una imagen puede generar en mí un sentido tan profundo que a veces no se puede poner en palabras. Puede ser una fotografía, una pieza de mi habitación, algo en la naturaleza; casi cualquier cosa puede ser un símbolo cuando para nosotros tienen un sentido mucho más profundo que la simple apariencia.

Por eso también podemos preguntarnos, ¿cuáles símbolos tengo en mi vida y cómo ellos influyen en mi diario vivir, mi relación conmigo y con otros? ¿cómo me ayudan a vivir con mayor profundidad y sentido en mi vida cotidiana?

Los rituales también son parte de nuestra cotidianeidad, y también pueden verse de muchísimas maneras. El simple hecho de sentarse a cenar con la familia algún día a la semana, donde se comparte un espacio especial, puede ser un ritual importante para muchas familias. Lo que hago cada día cuando me levanto, para prepararme a vivir mi día de la mejor manera puede ser también un tipo de ritual. ¿Cuáles rituales podemos reconocer en nuestra vida cotidiana? ¿Con cuales personas comparto parte de esos rituales?

La intención de todas estas reflexiones es muy simple: tratar de vivir más conscientemente todo aquello que me ayuda a tener una vida más profunda, de mayor encuentro conmigo y con las otras personas; reconociendo y respetando también, que cada persona tiene sus propio valor de lo sagrado y sus propios simbolismos y rituales.