Llegan la navidad y otras fiestas, ¿cómo quiero vivirlas?

Llega la época navideña y el fin de año, con todo lo que ello implica. Más allá de las creencias particulares, suele ser un tiempo con mucho movimiento: actividades, celebraciones, reuniones, eventos; y también cierres de procesos: personales, de trabajo, familiares, etc.

En medio de todo ello, éste puede ser un tiempo para disfrutar, un tiempo sólo de “mucha fiesta”, un tiempo de tristezas y soledad; o puede ser un tiempo muy significativo a nivel personal y comunitario. Todo depende de cómo decidamos vivirlo y el sentido que le demos.

Las celebraciones son una parte importante de todas las culturas, y para muchas personas la navidad y el fin de año son ocasiones perfectas para acercarse más a otros; sea a la familia, a la comunidad, a miembros de una iglesia, a compañeras y compañeros de trabajo, en fin; las fiestas pueden ser una buena oportunidad para alegrarse con otras personas, compartir, hacer a un lado los problemas o dificultades para enfocarse en las alegrías y logros, y crear un mayor sentido de unión y pertenencia.

Lo importante en este punto es, en un primer lugar, que las personas involucradas estén siempre en la libertad de elegir lo que desean celebrar y cómo desean celebrarlo, evitando el sentimiento de obligación en las actividades o encuentros. Además, cada una y cada uno debe darle el sentido y el valor a estas celebraciones, para vivirlas con la mayor profundidad posible; para disfrutar y celebrar con voluntad y disposición. El sentido puede ser desde lo más personal, lo espiritual, lo recreativo, hasta lo más comunitario.

Para muchas personas, la época es un recordatorio de la importancia de ciertos valores que a veces se olvidan durante el año: la solidaridad, empatía, humildad, unión, entre otros. Cómo se vive cada uno de ellos depende mucho del contexto y de cada persona, pero vale la pena tomar el tiempo también para reflexionar sobre los valores propios, sobre cómo se vive la propia vida, para con uno mismo y para con las demás personas.

Otro elemento importante de la época son los símbolos externos: decoraciones, adornos, figuras, entre otros. No está de más preguntarnos qué significado le damos nosotros a todo ello, más allá de un elemento decorativo, un árbol, una campana; es bueno darle un significado profundo a cada cosa que ponemos en nuestro hogar, o incluso que vestimos como un adorno. ¿Qué representa para mí cada uno de esos símbolos? ¿cómo influyen en mi vida o cómo me ayudan a celebrar o a acercarme a otras personas?

No puede quedar fuera el famoso tema del consumismo. En nuestro tiempo, como dicen por ahí “todo se vende y todo se compra”, y esa idea se ha extendido a todos los ámbitos de la vida. El comercio en esta época aprovecha mucho más la sensibilidad de las personas; y nos hace creer que verdaderamente necesitamos muchas cosas para ser felices o hacer felices a los demás. Es importante ser muy cautelosos en esta época, ser muy conscientes de a cuáles mensajes estamos haciendo caso.

Los regalos y las compras pueden ser de valor en tanto tengan un significado y una dedicación especial; mientras hagan sentir a la otra persona que se ha pensado en ella y le expresen un verdadero aprecio. Por eso, es importante preguntarse qué es lo que realmente queremos para la otra persona, y cómo le podemos hacer sentir nuestra cercanía y cariño. Recordemos la palabra “presente” y pensemos cómo queremos tener presencia en la vida de las otras personas.

¡Tomemos el tiempo para reflexionar, y celebremos esta época con mucha humanidad y sentido!

¿Es duro el amor?

Una reseña sobre la película Love Hard con una buena mezcla de sentimientos propios sobre responsabilidad afectiva

Somos seres sociales, eso es algo que todos tenemos claro. Pero eso no significa para nada que las relaciones sociales sean algo tan sencillo. Y una muestra de esto es la película, dirigida por director costarricense Hernán Jiménez «Love Hard» y que con su ligera y sencilla trama romántica-navideña alcanzó los primeros puestos a nivel mundial en la prestigiosa plataforma de streaming Netflix hace un mes.

Pero… ¿por qué tanto boom por una película que tiende a re-utilizar esas historias trilladas de amor en épocas sensibles como Navidad? y aunque suene pretencioso creo tener la razón del porqué y es esta: lo que pasa en la película, pasa en la vida. Y no me refiero a que sea frecuente que una persona viaje, sin dudar, de un estado de un país a otro, con pocos días de conocerse por redes, pero lo que si pasa, muy a menudo, es que en nuestras relaciones debemos admitir que no siempre somos 100% sinceros. O por lo menos no desde un inicio. Ese profundo deseo de aceptación intrínseco nos pide a gritos simular eso que sabemos que somos pero que no gusta.

La película retrata un gran engaño de parte de Josh quien en una plataforma de citas se hace pasar por un conocido de su ciudad, que si encaja en los parámetros que socialmente se definen como «atractivo». Esto llama la atención de Natalie quien lleva una vida amorosa muy atropellada y cae en el engaño, vuela kilómetros para conocerlo y se lleva una gran decepción; a pesar de eso decide ayudarle a seguir con el juego a cambio de conocer al verdadero Josh, que se llama realmente Tag . Ella también se une a una cadena de mentiras con tal de vincularse con Tag. Y después de muchos intentos por vincularse todos desde la mentira, la película termina dando el giro (in)esperado de revivir la historia, ahora si de amor genuino entre Natalie y Josh.

¿Cuáles enseñanzas podemos sacar de esta «película de sábado por la tarde»?

En estos tiempos de redes sociales, impera el sentido de pertenencia y aceptación. Se lucha por seguidores y por reacciones y es ahí donde «el amor» se complica más de lo que debería. Las relaciones sociales no son lo mismo que las redes sociales, una reacción no va a poder encerrar las palabras suficientes de todos nuestros sentimientos y es necesario que transcendamos con valentía y transparencia si queremos que nuestros vínculos con los demás funcionen.

No podemos pretender encajar en todo lugar, no es sano y además es agotador. Vivir de apariencias siempre termina poniendo a cada persona en la posición real y generalmente lo hace con rudeza y vergüenza.

Por esto, en temas de amor y amistades es importante que sepamos ser íntegros y honestos con los demás. Por supuesto que esto no es una invitación a pasar por alto el mejorar hábitos o actitudes que sabemos que tenemos y que podrían herir o dañar una relación. La mejora continua es una forma de amar y ser honestos con las personas sobre nuestras luchas y áreas de mejora, nos vulnera pero es la manera de crecer.

«La mejora continua es una forma de amar y ser honestos con las personas sobre nuestras luchas y áreas de mejora, nos vulnera pero es la manera de crecer»

La práctica de la vulnerabilidad en nuestras relaciones no es fácil, ser sincero sobre nuestros mismos y sobre nuestros sentimientos requiere entereza pero es, sin duda, una muestra de responsabilidad afectiva. Hacerme responsable de mis decisiones afectivas hará que establezcamos relaciones más resistentes y mas profundas. Al ser responsable afectivamente minimizo las posibilidades de daños tanto en mi «mapa emocional» como en el del otro.

La película ha sido criticada por su ligereza o lo trillado de su trama… pero y ¿si volvemos una moda la responsabilidad afectiva y hacemos que lo trillado se vuelva normalidad? Que la sinceridad y integridad sean las bases de nuestras relaciones. ¿Es duro el amor? Sí, pero merece todo nuestro esfuerzo.

Culturalmente Inteligentes

-¿Profe puedo hablar con usted?

Así inició una conversación que tuve hace unos años atrás con una adolescente de 16 años, perteneciente a la etnia Ngöbe y madre de un pequeño de 2 años. Su conversación se centró rápidamente en que extraña al padre de su hijo, pero que siente que no le conviene seguir con él porque la distrae de sus estudios. En una conversación de apenas 15 minutos traté de ayudarla a que ella misma buscara una solución a su problema. Pero también durante esos minutos vi confrontadas muchas de las ideas que tenía previamente sobre la manera de atender a una estudiante.

Al sentarnos a hablar busqué dos sillas para hablar frente a frente y sin obstáculos, según lo que aprendí durante mi tiempo de universidad, para favorecer la confianza. Ella separó otra silla junto a un pupitre. En varias ocasiones busqué mirarla a la cara, ella siempre me habló con la mirada baja.

Tal situación me pareció primero un gesto de sumisión propia de una sociedad machista, pero mi apreciación se vino abajo cuando luego de un rato conversé con un adolescente varón, también de 16 años, también de la etnia Ngöbe… que durante 10 min conversó acerca de sus deseos por trabajar con su papá… y durante los 10 minutos siempre habló con la mirada baja.

Consulté sobre esta situación con la encargada del grupo que llegamos ese fin de semana a trabajar en una comunidad indígena de la zona sur. Ella me explicó sencillamente: “ellos al hablar de sus sentimientos por lo general miran hacia abajo, así es su cultura, y en especial con alguien que acaban de conocer”.

Y en ese momento me di cuenta de que, si bien todo el aprendizaje previo durante mi tiempo de Universidad me ayudó a brindar un adecuado servicio, iba a seguir aprendiendo cada vez más sobre cómo trabajar con personas en lugares diferentes. Así fue como investigando me encontré con este término: Inteligencia Cultural.

Christopher Early, en su libro Inteligencia Cultural, define a ésta como “la capacidad para interpretar y responder de la manera debida a las formas de expresarse que cada visión tiene” y señala que en la inteligencia cultural confluyen tres habilidades:

  1. Investigar sobre lo que no se conoce de la otra cultura (Pensamiento)
  2. Sentir ánimo y confianza para tratar correctamente a las personas que forman parte de ella (Motivación)
  3. Adaptar nuestro comportamiento para hacerlo apropiado dentro de los parámetros de dicha cultura. (Comportamiento)

En un mundo cada vez más globalizado, la posibilidad de llegar a trabajar en otros ambientes culturales, o junto a personas de diferentes culturas, es cada vez más factible. Y el desarrollar habilidades de la Inteligencia Cultural puede abrir oportunidades de empleo en diversidad de lugares.

Tener Inteligencia Cultural nos capacita para poder aprender desde las diferencias, buscando la manera más adecuada para tratar a aquellas personas que piensan, visten, hablan o se comportan de forma “diferente” a nosotros: respeto a la diversidad.

Y para poder desarrollar tales habilidades, es necesario ser conscientes que la cultura en todas sus expresiones tiene un fuerte impacto en nuestras acciones, y que cada país o región, guarda una riqueza cultural diversa e igualmente válida y digna de respeto. El reto es llegar a respetar y ajustarse a las diferencias culturales sin perder nuestra autenticidad y sin olvidarnos de nuestra propia cultura. Desarrollar habilidad cultural no significa olvidar nuestros valores personales, es más bien reconocer las señales y adaptar nuestro comportamiento a ellas.

La belleza del universo no es sólo la unidad en la variedad, sino también la diversidad en la unidad.

Umberto Eco

Del cielo solo la lluvia

Deberíamos aprender a hacer balances en la vida. No todo es negro o blanco. No todo es inverno o verano.

Con esto quiero decir que un evento “negativo” que nos sucede en un momento puntual no tiene que ser necesariamente “negativo”. Quizá nos dejó aturdidos en el momento de recibirlo, quizá nos ha mantenido desalentados con el paso del tiempo. Pero siempre existe la forma de darle la vuelta y que sea algo positivo, el inicio de un mejor momento en nuestro andar.

En los últimos meses muchas personas se han enfrentado de manera abrupta a la realidad del desempleo. Y hago mención de esto porque no es lo mismo quedarse desempleado a quedarse desempleado en una pandemia y con los escenarios de dificultad económica que tenemos actualmente.

¿Qué puede salir bueno de un momento así?

A muchos nos ha sacudido esta situación. Obliga a replantearse cosas y actitudes, a revisarnos a profundidad, a depurar el CV, a pensar en una propuesta de valor. En síntesis, a invertir en nosotros. Porque, de otra forma, es poco probable que lo vayamos a hacer.

A eso me refiero con eso que del cielo solo la lluvia. El resto tenemos que buscarlo nosotros.

Recientemente leí un poco de la historia de Maye Musk, madre de Elon Musk, el hombre más adinerado del planeta. ¡Vaya historia! Se casó muy joven, se divorcia a los 31 años, emigra con sus hijos pequeños y así tuvo que salir adelante, teniendo hasta 5 trabajos a la vez en algún momento puntual de su vida. Y ahora, a sus 71 años, disfruta del éxito profesional y la satisfacción de haber visto a sus tres hijos salir adelante.

Rescato unas de sus palabras, brindadas en una ponencia para INCmty2021, un evento para emprendedores de habla hispana: «si estás en una situación mala en tu vida personal o profesional, debes hacer un plan para salir de eso (…) Necesitas hacer un plan para un cambio cada día. Da miedo, pero poco a poco podrás recuperar tu confianza al trabajar para sobrevivir».

Del cielo solo la lluvia. Si estamos atravesando un momento difícil o apretado, no van a llegar a buscarnos a la casa o nos van a tener simpatía por nuestra linda cara. Hay que buscarse la vida, hacer un plan, diseñar una estrategia y empezar a andar. Quizá en el camino haya que ir modificando el plan, pero va a ser producto de nuestra acción. Y ya eso, por si mismo, será muy motivador para nosotros.

Y mientras vamos por el camino saliendo adelante, llevemos paraguas por si nos cae un aguacero, lo único que si cae del cielo.

¡Abraza esa niña o niño interno!

¿Qué fácil se lee esa frase? Podemos interpretarla de mil maneras, para algunos de nosotros ese niño o niña corre libre dentro de nosotros y muy feliz, más bien es ese niño o niña quien corre a abrazarnos. En otras ocasiones se escabulle y juega a esconderse detrás de algunos miedos o experiencias que tenemos que alejar para lograr ese contacto.
Muchas personas ni siquiera reconocerían esa imagen de su Yo niño aunque la tuvieran de frente, como pasa en la película Encuentro Conmigo donde Mel Gibson pasa la película viviendo experiencias con ese yo con dificultades para saberse que es él mismo, no les hago spoiler para que la vean.

Podríamos preguntarnos, cómo éramos de niños o niñas, cuales eran nuestros juegos favoritos, que aspiraciones teníamos. Puede ser que muchas de estas respuestas no las recordemos, podemos comentar con familiares y amigos buscando revivir esta etapa de la vida que es tan importante.

En qué radica la importancia podríamos preguntarnos; la infancia es la etapa en la que se forja nuestra personalidad, ajá esas chichas y berrinches, esas trampas que hacíamos jugando para ganar, ese líder que «mandaba el juego», ese que se alejaba y prefería pasar tiempo a solas, es un poquito o mucho de lo que somos hoy.
Sinceramente ese abrazar, amar y tolerar a mi niña no ha sido una tarea fácil, ha significado una completa remodelación en busca de un lugar donde las dos logremos estar seguras, cómodas y tengamos esa confianza de estar una al lado de la otra apoyándonos en el camino de la sanación.

Por medio de las profesiones de ayuda dentro de las cuales la orientación forma parte, existen muchas herramientas y estrategias que pueden ayudarnos a abrazarnos por dentro de amarnos plenamente y vivir con libertad esa experiencia de bienestar. Por medio de una serie de sesiones ya sea personales o grupales se puede trabajar y traer a lo consciente eso que tenemos guardado que nos aleja de los cimientos de nuestra vida.

Les invito a buscar ese niño o niña y entablar un día de estos una conversación a ver que tal les va. Si quieren por ahí me cuentan como les fue.

El único poder que tengo es que creo que podemos hacer las cosas mejor

–  Soy un hombre negro usando las barras y las estrellas – Le dijo Falcon al Senador.

Hace unos meses estrenaron una de las nuevas series de la compañía Marvel Studios llamada Falcon y el Soldado del Invierno. Para quienes no siguen a la franquicia o no pudieron ver la serie, trata de cómo el amigo del famoso Capitán América (Sam Wilson, mejor conocido como Falcon), toma el escudo de este superhéroe, después de la muerte de Steve Rogers, y se convierte en el nuevo Capitán América.

A lo largo de la serie, vemos todo lo que tiene que pasar para aceptar su llamado. Al principio, Sam creía que él no era digno de llevar el escudo y había una gran controversia en la sociedad porque simplemente no era Steve Rogers. Además se sentía juzgado por ser un hombre negro, por no ser el prototipo de superhéroe con ojos azules y cabello rubio.

En el capítulo final decide ponerse el traje y usar el escudo para detener a un grupo de personas que estaban luchando contra los mayores gobiernos del mundo para hacer que se escucharan sus voces.

En el discurso final, después de vencerlos, le dice al Senador:Soy un hombre negro usando las barras y las estrellas. Incluso aquí y ahora siento las miradas, y las personas juzgándome y no puedo hacer nada para cambiarlo. El único poder que tengo es que creo que podemos hacer las cosas mejor”.

Y es que muchas veces nos pasa como a Sam, que pensamos que no somos “suficientes”, que no “merecemos algo” y que alguien más lo puede hacer mejor que nosotros.

Pero la verdad es que “nadie lo hace mejor que nadie”. Cada persona lo hace diferente y es ahí donde está la riqueza de lo que hacemos, es en nuestra diferencias donde descubrimos nuestras fortalezas y capacidades.

Tenemos que dejar de compararnos con otras personas y empezar a ver nuestros logros y de lo que somos capaces. En el caso de Sam, Steve Rogers le dejó el escudo porque vio en él todas las cualidades que tenía: era un hombre honesto, que siempre trataba de dar lo mejor de sí, siempre buscaba ayudar a las demás personas y siempre fue una persona humilde y sencilla. Cuando Sam logró ver lo que Steve había visto, logró tomar el escudo y convertirse en el nuevo Capitán América.

¿Qué podemos aprender de esta serie y sobre todo de Sam?

  • Primero, no te comparés con nadie: tratá siempre de ser una persona auténtica.
  • Segundo, no creás que no merecés algo: vos merecés lo mejor y siempre tenés que buscarlo.
  • Tercero, tus diferencias son las que te permiten desarrollar tus fortalezas: pensá qué tenés vos que nadie más tiene y cómo eso puede ayudar a otras personas.
  • Cuarto, creé en vos: siempre podés crecer y hacer las cosas mejor.

Y para terminar, quiero recordarte el poder de Sam, que ese sea también tu poder… nuestro poder: El único poder que tengo es que creo que podemos hacer las cosas mejor”.

¿Hago lo que puedo, lo que quiero o lo que debo?

A lo largo de nuestra vida, cada vez que vamos madurando, planteamos metas y sueños; la mayoría de las veces imaginamos un panorama donde todo es perfecto, las cosas salen bien y a nuestro favor. Claro en nuestro caminar nos topamos con algunos obstáculos que requieren ciertos ajustes de nuestra parte en nuestro plan.
Ante esta modificación nos encontramos varios tipos de respuesta, hay personas que dicen «yo haría lo que fuera para que mi plan se realice cueste lo que cueste», otras personas llegan a conformarse con lo que obtienen y continúan adelante, por último otras se adaptan y reajustan su plan de vuelo para integrar a las personas que entran en su vida y son felices con su decisión.
Esto nos lleva a preguntarnos, qué es lo mejor hacer lo que podemos lo que queremos o lo que debemos. Definamos cada palabra y luego creo que vos mismo vas a tener la respuesta.

El deber es un término autoimpuesto por nosotros mismos, basados en lo que interpretamos de lo que la sociedad nos pide dentro de nuestro rol, el deber puede llevarnos a realizar tareas que no precisamente nos hacen felices o consideramos que sean parte de nuestras metas, como por ejemplo lavar platos, tender la cama, ir al colegio entre otras. Otros deberes más complicados son cuando creemos debo estudiar esta carrera para satisfacer a mi familia, o debo trabajar hasta tarde para que mi jefe este feliz, debo estar en forma y ser mas delgada o atlético para cumplir con los estándares de la sociedad. Estos DEBO, nos llevan a una vida que no es la que imaginamos pero es la vida que alguien o todos imaginaron para nosotros.

El querer significa tener la capacidad de elegir y ejercer voluntariamente sobre ello, es decir plantear una meta un camino y seguir adelante con él. El querer generalmente es lo que nos motiva a crecer en nuestros ámbitos de la vida pues es gracias a el cumplimiento de las metas que encontramos motivación para seguir adelante en nuestro camino, por ejemplo una persona emprendedora que ve su plan de negocio cumplirse poco a poco va teniendo más confianza en lo que hace y le da mas valor a su tiempo y su producto.

Y ¿Dónde queda el poder? El puedo es aquello externo que muchas veces limita al quiero, por lo tanto el querer es aquello que debemos superar para llegar al querer; como dicen por ahí «el querer es poder», esta frase se cumple siempre y cuando pongamos nuestro empeño, y capacidades en superar ese obstáculo que nos limita. Entonces el poder viéndolo de una manera positiva es lo que nos reta, lo que nos hace enfrentarnos a nosotros mismos y que al superarlo nos da la fortaleza de seguir adelante.
El poder es lo que le agrega ese efecto wow a nuestra vida. ¿Qué sería de una vida sin problemas? me preguntó hoy mi peque de 8 años, ella misma se respondió diciendo «ja, pues no habría ni covid, no tendría una compu nueva, no sabría usar zoom, no hubiera aprendido a jugar Kahoot y a hablar por video llamadas…. las vidas sin problemas serian aburridas»

Con esa sabiduría de la inocencia de mi peque los dejo con la pregunta que inicié: ¿Estoy haciendo lo que puedo, lo que quiero o lo que debo?

Hay otras cosas que le dan sentido a nuestra vida

Hace unos años, Marvel Comics produjo la película Dr. Strange. Para quiénes no conocen la historia detrás del Comic, podemos decir que el Doctor Stephen Strange era un famoso neurocirujano, sobresaliente y exitoso. Sin embargo a causa de un accidente de tránsito, sus manos quedan gravemente heridas.

Esto era su vida y pensaba que sin ellas, su vida ya no tendría más sentido… “lo único en lo que él consideraba que sobresalía y por lo que era especial”, se había ido.

Cuántas veces nos sucede como al Dr. Strange que perdemos un trabajo, nos lesionamos o simplemente el rumbo de nuestra vida cambia y nos “echamos a morir” porque pensamos que ya no servimos para nada o que la vida ya no tiene más sentido.

Pero al igual que él, si nos damos la oportunidad, podremos descubrir que hay otras cosas que le dan sentido a nuestra vida, o como lo menciona él: “hay otras formas de salvar vidas”.

La vida está llena de muchas oportunidades y como seres humanos tenemos una gran capacidad de aprender y de desarrollar nuevas cosas, pero para esto necesitamos realizar varios pasos:

  • Hacer una pausa: Es importante detenernos y valorar qué era aquello que estábamos haciendo, qué fue lo que sucedió y cómo puedo mejorarlo.
  • Dejar ir: es necesario aprender a dejar ir, tomar las enseñanzas de lo que hicimos en el pasado con vistas al futuro.
  • Explorar: después de esto es indispensable hacer una autoexploración e identificar qué otros intereses tengo, en qué otras cosas tengo habilidad y cuáles son aquellas cosas que son importantes para mí.
  • Realizar un plan: como todo en la vida es necesario organizarnos, realizar un plan de acción, una estrategia a seguir, en otras palabras cuáles van a ser los pasos a seguir para empezar a actuar y llevar a cabo la nueva labor.

Siguiendo estos pasos, así como el Dr. Strange, podremos “salvar el mundo”… nuestro mundo.

La persona en el espejo

Hace unos días me topé en redes sociales con esta reflexión:

Una botella de Coca-Cola en el supermercado vale $0,50 aproximadamente. La misma botella en un bar, vale $1. En un buen restaurante u hotel puede valer hasta $2,5 o $3. En un aeropuerto o en el mismo avión, te pueden cobrar hasta $5. La botellita es la misma, la marca también, lo único que cambia es el lugar. Cada lugar, da un valor diferente al mismo producto. Cuando te sientas nulo, que no vales nada, cuando todo tú alrededor te menosprecie, cambia de lugar, no te quedes ahí. Ten el coraje de cambiar de aires y vete a un sitio donde te den el valor que mereces y te consideren lo que eres. Rodéate de gente que aprecie realmente lo que vales. No te conformes.

Eso me recordó dos reflexiones muy parecidas que ya había leído antes, una era sobre un papá que le regala a su hijo un auto viejo y le pide que lo lleve a varios lugares a valorarlo, a una venta de autos usados, luego a una tienda de empeño y después a un club de autos viejos y ahí le dicen que vale muchísimo; la otra reflexión era sobre un anillo y un maestro que le dice a un muchacho que vaya y lo venda, primero va al mercado y no le dan casi nada, luego va al joyero y lo valoran en muchas monedas de oro

Básicamente la misma reflexión con diferentes objetos.

Pero con la misma enseñanza: ¿Cuánto me valoro yo? ¿Cuántas veces vamos por la vida buscando la aprobación de las demás personas y nos olvidamos de la persona más importante? ¿Cuántas veces nos olvidamos de esa persona que está en el espejo? Así es, hablo de mí.

Tenemos que dejar de preocuparnos por lo que dirán las demás personas, por el valor que me den las demás personas y empezar a preocuparme y darle el valor a esa persona que está en el espejo, es decir, a mí.

¿Y qué puedo hacer para darme el valor que me merezco? Bueno, aquí te dejo unas sencillas recomendaciones:

  • Palabras de aliento: una buena costumbre es escribir pequeñas notas con palabras de aliento o palabras positivas y pegarlas en algún lugar visible, por ejemplo… así es… en el espejo.
  • Autocuidado: dicen por ahí, que cómo me veo es como me siento, entonces qué tal si en lugar de esperar a sentirme bien para “verme” bien, busco verme bien para sentirme bien. El poder de la mente es muy poderoso, si yo me quito la pijama, me baño, me peino, me maquillo o en general me arreglo y me visto con ropa bonita (aunque me vaya a quedar en la casa), me voy a sentir mejor conmigo, con esa persona que está en el espejo.
  • “Chinearme”: consentirme, tener pequeños detallitos con esa persona que está en el espejo. Si hoy tengo ganas de comer algo rico, entonces me lo preparo o lo compro y me lo como. Si hoy tengo ganas de ver una película y comer helado, lo hago. Lo importante es tener esos pequeños detalles que me ayuden a darme el valor que me merezco como persona.

Y para terminar recordemos el final de la reflexión de la botella: Cuando te sintás nulo, que no valés nada, cuando todo tú alrededor te menosprecie, cambiá de lugar, no te quedés ahí. Tené el coraje de cambiar de aires y andá a un sitio donde te den el valor que merecés y te consideren lo que sos.

Personalidad y la salud

Probablemente, en tiempos de la nueva «normalidad» que nos ha traído la pandemia, Frases como; «Debes mantener una actitud positiva«, «Todos pasamos por lo mismo, hay que asumirlo de la mejor manera», «Pronto pasará«, «El salir de esta pandemia depende de todos»; son nuestro pan de cada día.

Ayer hablando con una amiga me di cuenta que algo que rescato de esta «crisis» o situación de cambio llamada pandemia, es justamente que las personas han logrado mirar hacia adentro, verse en silencio en la protección de sus casas y observar la necesidad y la importancia que tiene la salud mental en nuestras vidas. Como decía ayer nos preocupamos por el gimnasio, ejercicios, tener el mejor cuerpo, pero…. y nuestra mente, nuestra salud emocional, nuestra estabilidad, ¿en manos de quien la dejamos?

Justamente el día de hoy 10 de octubre se celebra el día mundial de la salud mental, por lo que considero oportuno e importante que reflexionemos un poco como puede afectar nuestra actitud y personalidad en la salud mental de cada uno de nosotros.

En primer lugar quisiera aclarar que en el mundo de la psicología se distinguen en temas de salud cuatro tipos de personalidad A,B,C y D. Estas personalidades no son estáticas, definen a las personas según el momento de su vida, edad, situación sentimental, las relaciones sociales, entre otros aspectos, lo cual lleva a que como personas cambiantes podamos pasar de un tipo a otro o tener características de varias de estas personalidades.

Voy a explicarte un poco sobre las características de cada personalidad y al final te contaré sobre mi vivencia a partir de este tema.


Tipo de personalidad A: ambicioso, competitivo, práctico, impaciente agresivo.

El establecimiento de objetivos es muy importante para ellos ya que son competitivos por naturaleza.

Se les percibe como impacientes y fácilmente pueden ser hostiles y agresivos. Estas personas asumen riesgos con facilidad, lo que conduce al espíritu empresarial. Son útiles cuando se trata de solucionar un problema que es necesario.

Siempre necesitan estar haciendo algo . De hecho, ellos tienen dificultades para relajarse y quedarse dormidos rápidamente por la noche.

Finalmente, son propensos a hipertensión, estrésenfermedades cardíacas y aislamiento social.

Personalidad tipo B: relajado, alegre, paciente y despreocupado.

Completamente distinto de la personalidad tipo AApenas se estresan, incluso en situaciones donde el estrés es muy alto, las demás personas se acercan a ellos porque son entretenidos y alegres.

No tiene prisa por hacer las cosas y les encanta relajarse y tomar las cosas como vienen. Son menos competitivos y manejan los errores muy bien.

Su tolerancia y flexibilidad, les permite adaptarse con facilidad las situaciones y casi nunca los vas a escuchar quejarse. Llevan una vida social plena y hacen amigos con facilidad.

Personalidad tipo C: sistemático, pensativo, sensible, prudente y crítico.

Piensan de manera sistemática y analítica y toman decisiones basadas en la investigación y en información que les sustente. Resuelven problemas de forma natural porque se centran en los detalles y son capaces de darse cuenta de cosas que los demás tipos no podrían tan fácilmente. Son muy sensibles, profundos, pensativos, reservados y cautelosos.

Tienden a evitar las relaciones sociales. Por lo general deciden dedicarse a carreras o profesiones que les mantengan alejados de las personas.

No suelen tomar riesgos hasta que hayan examinado todos los datos. Tienen mucha sensibilidad a las criticas y son muy críticos con los demás. Este patrón de conducta está relacionado con la aparición de enfermedades como el cáncer según distintas investigaciones.

Personalidad tipo D: apenado, negativo, pesimista, deprimido y socialmente inhibido.

Estas personas representan el 21% de la población. Son muy negativos, se preocupan demasiado, tienen mucha irritabilidad, tristeza y apenas se sienten seguros de sí mismos.

Para evitar el rechazo, evitan abrirse y compartir sus emociones negativas, lo cual les crea mucho estrés. Por esto, está relacionado con las enfermedades cardíacas.

Los estudios muestran que entre un 18 y un 53% de los pacientes cardíacos tienen personalidad tipo D. Además, las personas que ya han sufrido un infarto y que presentan esta personalidad, tienen mayor probabilidad de sufrir un segundo episodio.

Como puedes notar estos tipos de personalidad nos hacen identificarnos con uno u otro o con una combinación de algunos rasgos.

En lo personal luego de pasar una cantidad considerable de tiempo de un médico a otro, buscando soluciones a síntomas, sin aparente relación entre sí, dolores fuertes en todo el cuerpo, inflamación, pérdida de peso, aumento de peso, dermatitis, ataques de ansiedad, parálisis del sueño, entre muchos otros que para no cansarlos con la historia no vale la pena incluir. Finalmente encontré en la psicoterapia y con un médico internista muchas respuestas que se relacionan con estas personalidades y mi actitud en torno al tema.

Escuchar a un médico con toda una vida de experiencia decirte sos una paciente con personalidad tipo A y escuchar atentamente todas las características, haciendo «check» mental en la lista de que todo iba calzando como en el juego de Tetris ( si no conoces el juego podes googlear sobre el), mi mentalidad al respecto de todos esos padecimientos empezó a cambiar. Ahí sentada en ese consultorio me di cuenta que mi actitud ante toda esta situación de enfermedad no estaba siendo la mejor, en lugar de buscar soluciones cada día encontraba una nueva dolencia o algo más de que quejarme. Me alejaba de mis seres queridos diciéndoles que ellos y ellas no entendían lo que sentía que no eran empáticos.

Ese día salí después de 3 horas de consulta que para mi se hicieron cortas, con una actitud completamente diferente, me dije al toro por los cuernos y asumí con valentía y herramientas de mi carrera en orientación y la psicoterapia, mi condición de salud. Comprometida con sentirme cada día mejor, comprometida con que no voy a pasar 60 o 70 años de mi vida tomando pastillas para aliviar mis dolencias, sino por el contrario buscar ayuda efectiva y tener acciones mas saludables para mi. Cambiar mis patrones de alimentación, sueño, ejercicio y tomar espacios para mis necesidades como persona.

Esto que les cuento fue hace dos semanas, después de pasar más de un año sin sonreír, sin disfrutar la vida con gratitud, sin vivir plenamente, una charla de 3 horas hicieron que me diera cuenta de lo importante que SOY YO para mi VIDA.

Muchas veces he escuchado personas, decirme que no todos tienen el privilegio de obtener una atención médica de calidad, o que las sesiones de psicología son de un costo elevado, o que para que ir a un médico que te diga que estas mal y que es mejor negar la realidad.

Les digo que yo pasé de manera gratuita por el servicio de emergencias en el Hospital Nacional Psiquiátrico donde me brindaron un acogimiento y apoyo que jamás hubiera pensado. Además por esas coincidencias de la vida encontré un médico que de manera gratuita me atendió en su consulta privada.

Con esto les digo que es cuestión de buscar las oportunidades, servicios de salud mental gratuita o con bajo costo existen, servicios médicos sin costo también los hay, muchas obras sociales que podemos encontrar en Google fácilmente nos pueden guiar a atención medica de calidad aunque no contemos con presupuesto o seguro.

Finalmente están nuestras personas cercanas, esa red de apoyo que siempre se preocupa por nosotros y de una manera u otra van a estar ahí para apoyarnos, darnos una mano, estar cerca aunque sea simplemente para escucharnos. Tomemos esa mano, no nos alejemos de las personas que nos quieren.

Preocuparse por la salud mental es nuestra responsabilidad y entre más pronto asumamos esa responsabilidad mejor.

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Para resumir comparto esta infografía de la OMS y te invito a que hablemos, si tienes alguna duda, consulta o quieres que te escuche, solamente escribe. Aquí desde mi experiencia profesional y de vida puedo tratar de ayudarte o referir a alguna entidad que pueda darte ayuda.