Ser y parecer: la coherencia en la vida cotidiana

Muchas veces escuchamos la frase “no basta con ser, también hay que parecer”, como una invitación a que nuestras acciones externas reflejen quienes somos por dentro. Sin embargo, muchas veces podemos actuar de formas distintas sin darnos cuenta, o dejarnos influenciar por fuerzas externas para actuar de un modo u otro; por ello es importante aprender a profundizar en nuestro interior y cuestionarnos de vez en cuando ¿en qué creo realmente? ¿qué me mueve? ¿cómo quiero actuar y mostrarme al mundo?

Estos días, tras la reciente muerte del Papa Francisco, surgieron muchos comentarios y perspectivas sobre su pontificado. Sin entrar en temas propiamente religiosos, muchas personas han calificado al Papa como un hombre que vivió con una gran coherencia aquello en lo que él creía y el mensaje que quería transmitir a los demás. Los cambios en apariencia, en el uso de adornos y vestimentas tradicionales, el romper el protocolo en muchas de sus actividades, el mostrarse cercano a las personas más vulnerables y proponer una religión mucho más humana y activa en el mundo; fueron un reflejo que, para muchas personas, demostraba una vivencia muy real de su propia fe y sus propias creencias.

Sin entrar a cuestionarnos si fue algo completamente coherente o entrar en temas religiosos, lo que quiero rescatar es que esta personalidad tan reconocida nos puede ayudar a nosotros mismos a cuestionar nuestras propias acciones en nuestra vida, nuestra manera de ser, de actuar, y a refrescar cuáles son nuestros valores, los principios que guías nuestra vida, y preguntarnos si realmente vivimos de acuerdo con esas cosas que decimos creer.

Cada uno de nosotros, de manera consciente o no, toma decisiones todos los días basadas en sus valores, creencias y elecciones personales. Sin embargo, vivimos inmersos en un entorno que constantemente nos lanza mensajes sobre cómo deberíamos actuar, qué deberíamos buscar, cómo deberíamos lucir. La presión de las redes sociales, los medios de comunicación y los modelos culturales pueden empujarnos a tomar caminos que, en el fondo, no elegimos de manera auténtica. Actuamos a veces no para ser fieles a quienes somos, sino para encajar, para agradar o simplemente para «parecer» algo que otros esperan ver en nosotros. Siguiendo el mismo ejemplo del Papa Francisco, muchas veces fue criticado y cuestionado porque sus decisiones no cumplían con lo que muchas personas esperaban de él.

Es normal, y profundamente humano, que no siempre logremos una coherencia perfecta entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Tampoco se trata de juzgarnos con dureza por nuestras incoherencias; todos nos equivocamos, nos dejamos llevar por influencias, cambiamos de opinión en diversos momentos de la vida, o diferentes contextos. Todo eso es parte de ser humanos y de crecer. Lo verdaderamente importante es la intención y el esfuerzo que ponemos en buscar esa coherencia. Preguntarnos de vez en cuando: ¿esto que estoy haciendo refleja realmente lo que creo y valoro? ¿Estoy tomando este camino por convicción o solo para cumplir con una expectativa externa?

Ser coherentes no implica ser rígidos, sino auténticos. Implica tener el valor de reconocer cuando nos hemos desviado de nuestros principios y volver a ellos, paso a paso. Significa también aceptar que hay momentos de duda, de contradicción, y que eso no nos hace menos valiosos, sino más humanos.

Hoy, más que nunca, necesitamos reencontrarnos con esa autenticidad. Saber que mostramos al mundo aquello que realmente somos y aquello en lo que realmente creemos. Porque vivir de manera coherente nos da una paz interior que no se compra ni se fabrica: se construye, día tras día, en cada decisión pequeña o grande que tomamos, y en la manera en la que llevamos nuestra vida. No se trata de ser perfectos, sino de ser verdaderos. Y de saber que cada paso consciente hacia una vida más fiel a nuestros valores, por pequeño que parezca, es un paso hacia un mundo más humano, más íntegro y más auténtico.

La vida es como un Súper Cono

Un día de estos estaba en mi casa y se me antojó un helado, abrí la refrigeradora y recordé que había comprado un Súper Cono de Dos Pinos. Personalmente me gusta mucho, aunque otras personas podrían decir, ¿qué tiene de especial? ¡Es un cono!

Para mí el Súper Cono representa varias cosas y quería compartírselas:

1. Me recuerda mi infancia. Desde pequeño me gustaba mucho comerme un Súper Cono, entonces cada vez que lo hago, despierta en mí ese niño que llevo por dentro, es una forma de “chinearme”.

2. Es muy colorido. A diferencia de otros conos – por ejemplo, a mi mamá le encanta el Crunchy el cual sólo tiene maní – este helado tiene pequeñas bolitas azucaradas de distintos colores, lo que me genera alegría.

3. Tiene “pecaditos”. Para quienes no lo recuerdan, hace muchos años eran muy famosos los “pecaditos de Harricks”, que eran bolitas de arroz tostado cubiertas de chocolate. Una vez más, me transporta a mi infancia, pero además son de chocolate lo que lo hace todavía mejor, ya que son dulces y cremosas y combinan con cualquier postre.

4. Tiene chocolate en el fondo. Esta es de mis partes favoritas, no basta con comerme el helado lleno de colores y pecaditos, sino que cuando llego al final, me encuentro con un pequeño conito de chocolate, es el mejor cierre para un helado.

Y fue ahí cuando sentí la iluminación… la vida es como un Súper Cono. Me explico mejor:

1. La vida nos “chinea”. Constantemente nos está dando oportunidades para cuidarnos y tratarnos con cariño, pero depende de cada quien verlo y aprovechar esas oportunidades.

2. La vida es colorida (aunque a veces puede haber tonos grises). Si logramos apreciar los colores en nuestro día a día, también podremos tener momentos de alegría (ciertamente habrá momentos de tristeza) y si logramos eso, también podremos despertar a ese niño o niña que llevamos por dentro.

3. La vida es dulce y cremosa. A pesar de los momentos amargos, también hay momentos que son dulces y cremosos, pero todo depende de la actitud que tomemos y la forma en como decidamos reaccionar.

4. La vida siempre deja lo mejor para el final. Un amigo muy sabio siempre dice: “al final todo siempre sale bien y si todavía no ha salido bien, es porque todavía no es el final”. Así que cuando estemos pasando momentos difíciles, recordemos que la vida nos está preparando para recibir lo mejor, al final del proceso, sólo debemos de ser pacientes y esperar a que llegue ese momento.

Y para terminar, les voy a dar un bono extra. La vida es como un helado, si no nos lo comemos rápido, se derrite. Tenemos que aprovechar todas las oportunidades que la vida nos dé, porque no sabemos cuánto tiempo duren, puede ser que, si esperamos mucho, “se derritan” y perdamos esas oportunidades de ser felices.

Semana Santa: entre el recogimiento espiritual y el necesario descanso personal

La Semana Santa se presenta cada año como una pausa significativa en el calendario, una estación breve donde convergen diversas emociones, tradiciones y expectativas. Para muchas personas, estos días significan un momento de renovación espiritual; para otras, una oportunidad de descanso físico y mental. ¿Es posible conjugar ambas dimensiones?

Para la fe cristiana, la Semana Santa es el momento culmen de su calendario, en el cual se invita de manera más concreta hacia la conmemoración de la fe en Jesucristo. Son días cargados de muchas expresiones de fe y espacios de reflexión espiritual, unido a la invitación para crear conexión con lo trascendente. Pero también son días en lo que se busca un equilibrio que favorezca tanto el recogimiento interior como el merecido reposo del cuerpo y la mente.

Y es que en una sociedad posmoderna dónde se siente que se va acelerando todo, unos días de descanso llegan en buen momento para el bienestar integral. El descanso es necesario para lograr un adecuado equilibrio mental, emocional y físico, y más en los meses de inicio de año en los que son usuales que en los espacios laborales y académicos se inicien proyectos o se continúen procesos iniciados anteriormente. Es posible, por tanto, aprovechar estos días ya sea para el crecimiento espiritual como para el descanso y la recreación. Algunas ideas puntuales podrían ser:

  • Desconexión digital: Aprovechar los días para mermar la cantidad de tiempo frente a pantallas y priorizar los momentos de relajación, lejos de los ajetreos diarios de las responsabilidades laborales y académicas.
  • Caminatas conscientes: Sea que se participe de experiencias de fe como las procesiones, como el aprovechar el tiempo para realizar ejercicio físico que nos permitan vivir el momento presente.
  • Tiempo de calidad con seres queridos: al ser días libres es momento propicio para visitar familiares, asistir a reuniones con amigos o conectar con las comunidades de corte religioso a las que se asista.
  • Retiros espirituales, prácticas de fe y experiencias recreativas con propósito: sea cual sea el plan, una recomendación es aprovechar los días libres para alimentar la inteligencia espiritual que nos lleve hacia el bienestar integral.

Con pequeños gestos podemos transformar la vivencia de la Semana Santa en una experiencia más significativa: elegir momentos de silencio al amanecer, apagar el teléfono durante una tarde, compartir una comida sin prisas o simplemente respirar con conciencia mientras caminamos. Estas acciones sencillas, lejos de ser banales, nos devuelven al presente y nos permiten recuperar energía emocional y espiritual.

Vivir la Semana Santa con intención es abrir un espacio para escucharnos, reconectarnos y restaurarnos. En medio del bullicio diario, estos días nos ofrecen la posibilidad de mirar hacia adentro, de regalarnos silencio, descanso y sentido. No se trata de elegir entre lo espiritual y lo recreativo, sino de encontrar un equilibrio que nos permita volver al camino cotidiano con mayor claridad, serenidad y propósito. Que cada persona pueda diseñar su propia forma de habitar estos días, en coherencia con sus valores y necesidades, es también un acto de cuidado personal.

Hacer lo ‘obveo’

Pido disculpas por la falta de ortografía en el título. Es un esfuerzo de hacer marketing y de tratar de ser genuino en cómo me expreso en ocasiones.

Y lo hice también adrede, para hablarte de esas cositas que vemos por la vida y que nos desenfocan.

En otras ocasiones hemos reflexionado sobre la falta de enfoque. A eso se le suma ahora la tendencia de generar problemas donde no los hay, en unos casos para llamar la atención y en otros -vaya sorpresa, para hacer marketing.

Cada cierto tiempo aparece alguien anunciando un nuevo problema en la vida. Es el nuevo virus, la nueva potencial pandemia. Afortunadamente, con el anuncio de la catástrofe nos traen también la solución y, oh casualidad divina, rápida y con un costo ‘razonable’, eso sí, si la adquieres dentro del plazo indicado por el vendedor, digo, por el nuevo mesías.

Entonces, nuestras redes sociales y medios informativos se llenan de estas soluciones rápidas, aprovechando lo fácil que es jugar con nuestras emociones.

Es que si no te tomas ese suplemento vas a poner en grave riesgo tu salud. Además, si no lees a este autor te vas a quedar rezagado en la carrera por el conocimiento. Ni se diga de la nueva técnica de entrenamiento de abdominales que en dos semanas nos tendrá un six pack de lujo. O de la nueva técnica de pasar hambre para bajar de peso. Ah, y si no viajas de vacaciones al destino de moda, estás ‘out’.

Y eso sucede porque no tenemos clara la importancia y necesario de lo ‘obveo’ en nuestro día a día. Esas aburridas rutinas que son las que, realmente, nos hacen tener calidad de vida.

Lo obvio de hacer ejercicio a diario. De alimentarnos bien, sano y a las horas correctas. De dormir bien. De alejarnos de drogas y vicios. De tener relaciones significativas y estar en contacto con nuestros seres queridos. De mantenerse actualizado en nuestra área profesional. De saber postergar la gratificación.

¿Qué tan bien estás haciendo lo ‘obveo’ de tu vida? ¿Cómo te va con lo aburrido del día a día?

Muchas veces buscamos vendajes rápidos y soluciones de cortísimo plazo porque, sencillamente, hemos descuidado lo obvio, lo que da resultados a largo plazo, lo que nos facilita enfocarnos en la vida y no ir persiguiendo cuanto objeto brillante aparezca por el camino.

Cuando aceptemos nuestra responsabilidad y hagamos lo que -sabemos- hay que hacer, es cuando tendremos los mejores y mas consistentes resultados.  

La importancia de la felicidad en lo cotidiano

Cada 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia de este sentimiento en nuestra vida diaria.

Muchas veces pensamos que la felicidad depende de grandes logros o momentos extraordinarios, pero en realidad, se encuentra en las pequeñas acciones del día a día y en la manera en que hacemos felices a los demás.

Ser felices: un compromiso con nosotros mismos

La felicidad no es un destino, sino un camino que construimos a diario.

En Costa Rica, un país reconocido por su “pura vida” y su enfoque en el bienestar, entendemos que ser felices implica apreciar las cosas simples: un cafecito con amigos, una caminata en la naturaleza o un momento de risa en familia. Pero también requiere un compromiso personal con la gratitud, el equilibrio y el autocuidado.

Algunas formas de cultivar nuestra felicidad en lo cotidiano incluyen:

• Practicar la gratitud: hacer una pausa para valorar lo que tenemos.

Cuidar nuestro bienestar físico y mental con buenos hábitos.

• Rodearnos de personas que nos aporten energía positiva.

• Establecer pequeñas metas que nos hagan sentir realizados.

Hacer felices a los demás: pequeños gestos, gran impacto

Si bien es importante buscar nuestra propia felicidad, también podemos contribuir a la de los demás con pequeños gestos que marcan la diferencia.

Muchas veces, una simple acción puede alegrarle el día a alguien;

Sonreír y saludar: Un saludo amable puede mejorar el día de alguien.

Escuchar con atención: A veces, lo mejor que podemos hacer por alguien es simplemente prestarle atención genuina.

Compartir algo positivo: Una frase motivadora, un mensaje de apoyo o un cumplido sincero pueden hacer la diferencia.

Realizar actos de bondad: Ceder el asiento, ayudar con una tarea, invitar un café o hacer un favor sin esperar nada a cambio.

Pasar tiempo de calidad con seres queridos: No se trata de la cantidad de tiempo, sino de la calidad de los momentos compartidos.

La felicidad es contagiosa. Cuando somos felices y compartimos esa energía con los demás, creamos una cadena de bienestar que se multiplica.

En un mundo donde las preocupaciones pueden abrumarnos, es fundamental recordar que la felicidad está en los detalles y que podemos construirla día a día, tanto para nosotros como para quienes nos rodean.

El coleccionismo… mucho más que un pasatiempo

Hace unos años estuve en un congreso de Recreación, uno de los talleristas hablaba de la importancia de tener una colección. Él decía que todas las personas deberían coleccionar algo, ya que este pasatiempo tenía grandes beneficios para la vida de las personas.

Me alegré porque yo tenía algunas colecciones, pero no lo hacía de forma tan consciente si no que era más natural.

Con el paso de los años traté de ser más intencional al momento de coleccionar «algo». Actualmente tengo varias colecciones formadas y ahora puedo ver esos beneficios de los que hablaba ese tallerista.

¿Y cuáles son esos beneficios que he obtenido de tener una colección? Aquí se los comparto.

1. Mi colección de carros Matchbox. Desde pequeño me gustaron los carros y siguiendo el ejemplo de mi hermano mayor, empecé a coleccionar carros a escala de la marca Matchbox y con el paso del tiempo fue creciendo la ilusión de tener uno más que no tenía y cada vez que veía uno nuevo, volvía a ser como un niño (aun cuando ya soy adulto), además aprendí que, con el paso de los años, las cosas van mejorando.

2. Mi colección de llaveros. Al principio tenía algunos que me habían regalado mis familiares o amigos, pero con los años decidí coleccionar llaveros de lugares de países que había visitado. Ahora los veo y me trae recuerdos de esos lugares y el significado que tienen por lo que viví ahí.

3. Mi colección de camisetas de Hard Rock Café. Este restaurante que es conocido por tener música rock y colecciones de objetos donados por artistas famosos me hizo querer viajar y conocer muchas ciudades del mundo, además de poder escuchar la música y probar esa deliciosa comida, he podido conocer un poco de la cultura de esos países.

4. Mi colección de sombreros. Cuando empecé a trabajar, empecé a utilizar sombreros para los talleres que hacía y ver la reacción tan positiva cuando llegaba con los sombreros y ver que las personas querían ponérselos todos, me hizo darme cuenta de lo valiosa que fue esa colección.

Y por último, mi colección más preciada, la que me ha enseñado tanto y me ha ayudado a desarrollar habilidades blandas y habilidades para la vida como el razonamiento abstracto, la capacidad de pensar en soluciones y resolver conflictos, ha sido mi colección de juegos de mesa, que al igual que muchos empecé con juegos como Monopoly o UNO, pero luego fui conociendo otros juegos como Catán, la Isla Prohibida y Jungle Speed, me permitieron desarrollar áreas de mi vida que no sabía que tenía.

Tener una colección puede traer muchos beneficios, incluso más de los mencionados aquí, por eso les invito a coleccionar algo, lo que sea, pero que ese algo les permita, no sólo ilusionarse por obtener la siguiente pieza de su colección y sacar al niño o niña que llevan por dentro, sino además desarrollar muchas áreas de su vida que tal vez todavía están dormidas, ya que el coleccionismo, es mucho más que un pasatiempo.

Entre brincos y risas

Desde que soy pequeña me gusta la música y bailar. Aprendí en las fiestas y eventos familiares donde no faltaba el bailongo y la buena comida, donde terminaba agotada pero feliz de compartir con la familia, alguna que no veía con frecuencia.

Crecí pensando que sabía bailar de todo un poco y en cualquier fiesta me animaba a salir a la pista. Siempre bailé con amigos y conocidos porque mi pareja no sabía bailar, hasta que decidimos empezar a tomar clases de baile para tener un espacio de pareja divertido y creativo para nosotros.

Empezamos desde el nivel de principiantes para aprender juntos y para mi sorpresa, me di cuenta de que en realidad yo no sabía bailar casi nada. A un año de haber empezado en esta aventura, aprendí un montón de pasos y técnicas correctas en varios ritmos, y seguimos aprendiendo.

Además de bailar bien y correctamente, he obtenido otros beneficios. Por mencionar algunos, he mejorado en los siguientes aspectos:

  • Condición física: mantenerme en movimiento cada semana fortalece mi cuerpo entero a nivel óseo, muscular y cardiovascular. Me hace sentir más energía durante el día y me permite tener una mayor calidad de sueño durante la noche.
  • Salud mental equilibrada: el reto de aprender algo nuevo en cada clase y ponerlo en práctica me permite estimular mi atención, concentración, coordinación y memoria. Además, mientras bailo, río mucho y me siento muy alegre y agradecida conmigo misma.
  • Relaciones sociales: conocer gente nueva amplía mis redes sociales y de apoyo. Me hace sentir parte de una comunidad que se identifica y divierte con la música y el baile popular, compartimos nuestros saberes en otros espacios como salones de baile.
  • Cultura y patrimonio: con el baile he revalorizado algunos aspectos culturales costarricenses, me he acercado a prácticas culturales que destacan la identidad de las personas costarricenses y que son patrimonio intangible de nuestro acervo cultural como el bolero y swing criollo.
  • Reducir el estrés: después de una buena bailada, además del cansancio, experimento una sensación de bienestar muy fuerte. Eso pasa porque mi cuerpo libera hormonas y sustancias que hacen que me sienta bien y en consecuencia me ayudan a eliminar el cortisol de mi cuerpo.

Definitivamente el baile me ha cambiado la vida, es una actividad recreativa que me ha hecho crecer de muchas maneras y que ha fortalecido el vínculo con mi pareja. Además, puedo atestiguar el aprendizaje de muchas personas que han empezado desde cero, he aplaudido sus avances y logros; me entusiasma ver a la gente feliz y disfrutando de prácticas recreativas tan saludables y edificantes.

Por ahora se ha vuelto mi pasión como otras tantas actividades recreativas, seguiré aprendiendo de manera constante y a lo largo de mi vida muchas cosas más. Espero que mi experiencia te invite y motive a moverte o a cumplir tu meta de aprender a bailar.

No pierdas el norte

¿Cuándo fue la última vez que tocaste un libro, viste un documental, leíste un artículo como este o simplemente te planteaste algunas preguntas en tú cabeza?

Partiendo de esa respuesta en particular, es que se plantea la importancia de realizar una revisión de nuestro estado actual y preguntarnos ¿Seguimos vigentes?, de verdad nuestros conocimientos y técnicas nos permiten responder a las necesidades del contexto actual y cumplir el propósito por el cuál trabajamos, parte de nuestro proyecto de vida debería ser una revisión consciente y constante de cómo nos encontramos para enfrentar el mundo en el que vivimos y no solamente a nivel laboral, sino físico, mental, familiar y espiritual.

Diversos autores hablan de las dimensiones del ser humano, algunos de los elementos anteriormente mencionados se ubican en diferentes dimensiones, sin embargo, quiero hacer referencia específicamente a la dimensión educativa, Morales, J (2020 p.31) menciona que “Educar es también, motivar el aprendizaje a lo largo de la vida y desarrollar las competencias emocionales para ejercer autocontrol frente a los conflictos cotidianos, en los que deberá poner a prueba el manejo de actitudes tolerantes.” De manera que podemos afirmar qué el aprendizaje nunca se detiene, sino que se desarrolla a lo largo de la vida, así mismo se menciona que cotidianamente enfrentamos conflictos, y no se refiere a riñas entre personas sino situaciones que nos enfrentan a la toma de decisiones, desde un conflicto por no saber como vestir hasta encontrar un obstáculo en nuestro trabajo que pensábamos saber cómo sortear, pero que, en esta ocasión, las cosas no salieron como esperábamos.

Aquí es dónde entra el aprendizaje a lo largo de la vida y el desarrollo profesional continuo, usted persona lectora, tiene un propósito en lo que hace, su trabajo tiene un sentido y lo realiza para llegar a algo, en mi caso particular mi propósito es educar a mis estudiantes con el fin de que se conviertan en profesionales competentes y sensibles a la población que atienden.

Me gustaría recordar una historia fantasiosa de unos personajes que fueron muy influyentes en los años 90, se trata de Pinky y Cerebro, dos ratones de laboratorio que tenían un propósito muy claro “Tratar de conquistar al mundo” y como no lo lograban, todas las noches ideaban una nueva forma de intentarlo. Rudduck en Marcelo y Vaillant (2018, p.75) menciona que el desarrollo profesional de un profesor es “la capacidad para mantener la curiosidad acerca de la clase…”

De manera que, cabe plantearnos la siguiente pregunta: ¿Mantengo curiosidad por lo que hago? O simplemente hacemos lo que aprendimos muchos años atrás y hemos perdido la capacidad de preguntar, de investigar de debatir el cómo se desarrollan las cosas en el contexto en el que vivimos día con día, no dejemos de lado la inventiva, la perseverancia y la curiosidad de aquellos pequeños ratones que nos enseñaron que debemos de mantener claridad en el propósito y persistir en cumplirlo, finalizo invitando a qué te hagas la siguiente pregunta ¿Porqué haces lo haces? ¿Qué te motivo un día a ingresar a las aulas? Y quizás ahí entiendas la importancia del aprendizaje y el desarrollo profesional continuo. Recuerda, no pierdas el norte y aprende todos los días como llegar a él.

Referencias:

Marcelo, C. y Vaillant, D. (2018) Desarrollo Profesional Docente. NARCEA, Madrid, España.

Morales, J. (2020) Un acercamiento multidisciplinar a las dimensiones del desarrollo humano. Universidad de Los Andes, Venezuela.

No perdamos ni un detalle: Evaluación y Sistematización de experiencias educativas.

En el ámbito educativo, tanto en ambientes institucionales como de educación social o comunitaria, se realizan grandes esfuerzos para acompañar y fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, muchas veces estos esfuerzos no son documentados ni analizados de manera sistemática, lo que limita el aprovechamiento del conocimiento generado. Para evitar esta pérdida, es fundamental recurrir a dos herramientas clave: la evaluación y la sistematización.

Si bien ambos procesos suelen confundirse o considerarse intercambiables, cada uno cumple una función específica y complementaria en la gestión del conocimiento. A pesar de que existen diversas perspectivas teóricas, en general se puede resumir que la evaluación permite medir y valorar los resultados de un proyecto, mientras que la sistematización facilita la comprensión y reflexión sobre el proceso vivido. Este artículo presenta algunos elementos clave sobre estos procesos fundamentales.

En primer lugar, al hablar de evaluación, encontramos que es un proceso estructurado que permite analizar los resultados obtenidos en relación con los objetivos planteados. Según diversos autores (Ander-Egg, 1998; Juliá Méndez, González y Fabelo, 2006), la evaluación debe considerar:

  • El problema que se pretende resolver.
  • Los objetivos y metas del proyecto.
  • El tiempo de ejecución.

La evaluación no es un proceso que ocurre sólo al final del proyecto, sino que puede acompañar todo el desarrollo del mismo, permitiendo identificar aciertos y necesidades de adaptación. En este sentido, se pueden distinguir distintos tipos de evaluación según el momento en que se realizan:

  1. Evaluación continua o formativa: Se lleva a cabo durante la ejecución del proyecto para realizar ajustes en el proceso.
  2. Evaluación parcial: Analiza el cumplimiento de objetivos intermedios.
  3. Evaluación final o sumativa: Se realiza al concluir el proyecto para medir su impacto y extraer aprendizajes clave.

Según Jara (2006), «la evaluación no busca tanto realizar una interpretación de la lógica del proceso vivido, sino fundamentalmente analizar, medir o valorar los resultados obtenidos, confrontándolos con el diagnóstico inicial y los objetivos o metas propuestos» (p. 57).

Por su parte, la sistematización es un proceso reflexivo que permite ordenar, reconstruir e interpretar críticamente una experiencia vivida. Para Berdegué, Ocampo y Escobar (2007), citados por Rotondo y Quintero (2016, p.4):

Se basa en un proceso de reflexión e interpretación crítica de una experiencia que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre y hace explícita la lógica del proceso vivido, los factores que intervinieron en dicho proceso, cómo se interrelacionaron entre sí y por qué lo hicieron de ese modo.

A diferencia de la evaluación, que se enfoca en medir resultados, la sistematización busca profundizar en la comprensión de las experiencias vividas, integrando la voz de los actores involucrados y yendo más allá de una simple recopilación de información.

De acuerdo con Jara (2006, p.5), la sistematización puede tener diversos objetivos, entre los cuales se encuentran:

  • Comprender más profundamente nuestras experiencias para poder mejorarlas.
  • Intercambiar y compartir nuestros aprendizajes con otras experiencias similares.
  • Contribuir a la reflexión teórica con conocimientos surgidos directamente de las experiencias.
  • Incidir en políticas y planes a partir de aprendizajes concretos provenientes de experiencias reales.

Implementar procesos de evaluación y sistematización en proyectos educativos permite un aprendizaje continuo y una mejora en la calidad de las iniciativas. La evaluación facilita la toma de decisiones basada en evidencias, mientras que la sistematización contribuye a la construcción de memoria institucional y al intercambio de saberes. Como señala Jara (2006), ambas herramientas son complementarias y fundamentales para fortalecer la educación en diversos contextos.

Tanto la evaluación como la sistematización son procesos esenciales para garantizar la efectividad y sostenibilidad de las iniciativas educativas. La combinación de ambas herramientas enriquece la gestión del conocimiento y potencia el impacto de los proyectos educativos en sus diversos ámbitos de aplicación.

Por último, no podemos dejar de lado que evaluar y sistematizar en educación, nos permite ser también más conscientes de que el trabajo que se realiza es con y para seres humanos, por lo que se debe valorar la gran riqueza de perspectivas y experiencias de todas las personas que forman parte del proceso, y así poder transmitir todos esos los conocimientos y aprendizajes para futuros proyectos.

Referencias

  • Ander-Egg, E. (1998). Metodología y práctica de la evaluación de proyectos sociales. Lumen.
  • Jara, O. (2006). La sistematización de experiencias: Práctica y teoría para otros mundos posibles. ALFORJA.
  • Juliá Méndez, C., González, A., & Fabelo, L. (2006). Evaluación de proyectos sociales: Fundamentos y prácticas. Editorial Académica.
  • Rotondo, E.L. y Quintero, G.Y. (2016). Facilitación de procesos de evaluación y sistematización orientados al aprendizaje. CELF, ALFA. https://www.facilitarteprocesos.com/wp-content/uploads/2016/09/11Facilitacion-Procesos-Aprendizaje.pdf

La felicidad es mucho más que “tener cosas”

He escuchado a muchas personas decir que tienen “todo” en la vida: una carrera universitaria, un trabajo, mucho dinero, su casa, su carro, familia, amistades, etc. Pero aún, así, dicen no ser “felices”. Y es que la felicidad es mucho más que “tener cosas”.

Recuerdo la historia de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo australiano que fue capturado y sobrevivió a cuatro campos de concentración como Auschwitz, quien cuenta su historia en el libro “El Hombre en Busca de Sentido” – si no lo han leído, recomiendo hacerlo – y en el cual cuenta que le arrebataron “todo”: lo despojaron de su ropa, le quitaron y asesinaron a su familia, perdió todo lo que tenía y sin embargo siempre decía: “me puede quitar todo, pero nunca mi libertad de decidir vivir” y efectivamente fue eso lo que lo mantuvo con vida.

Además, recuerdo la película de Will Smith, “En busca de la felicidad” – también recomiendo verla – la cual cuenta la historia de Chris Gardner, un hombre común y corriente que tuvo que criar solo a su hijo, se quedó sin trabajo y pasó muchas dificultades para conseguir un trabajo, hasta realizar una pasantía durante seis meses sin goce de salario, pero después de todos los sacrificios, logró ser el mejor pasante y al final lo contratan en la empresa como corredor de la bolsa de valores.

Estas dos historias reales nos recuerdan que la felicidad no depende de cuántas cosas tengamos, sino de la capacidad para salir adelante a pesar de las dificultades.

¿Y cómo podemos encontrar la felicidad? ¿Cómo puedo descubrir el sentido de mi vida? Aquí les dejamos algunas recomendaciones:

1. Valorar a las personas, no centrarse en lo material: las cosas vienen y van, no pongamos nuestra confianza en lo material porque el día de mañana me roban el teléfono, me chocan el carro o se quema mi casa y probablemente me “echaré a morir”. Por eso, mejor valoremos a las personas y tratemos de pasar tiempo de calidad con ellas.

2. Valorar los logros, no centrarse en ellos: es muy valioso haber terminado la carrera o tener un trabajo, pero no son los más importante. Valoremos lo que hemos logrado y cómo nos ha ayudado a crecer, pero sin obsesionarnos, porque al igual que lo material, también viene y va.

3. Identificar “mi sentido”: todas las mañanas cuando nos levantemos, preguntémonos: ¿qué es lo que me mueve a vivir? ¿Qué le da sentido a mi vida? ¿Qué es eso verdaderamente importante que me hace “Feliz”?

4. Seamos personas agradecidas: está demostrado científicamente que las personas que son agradecidas con la vida, con Dios o simplemente consigo mismas y con las demás personas, viven más “felices”, ya que, al agradecer, nuestro cerebro genera una sensación de bienestar, logrando así sentirse realizado.

Y por último, quiero terminar este artículo con una frase de Tuti Furlán para que recuerden siempre:

“No es lo que vives, es cómo lo vives. No es si logras atravesarlo o no, es cómo lo atraviesas”.