El coleccionismo una tradición heredada

En esta ocasión quiero hablar sobre un tema que ha estado presente en mi vida desde que era muy pequeño. Todo comenzó con un llavero que me regaló mi abuela: era el monstruo de Saprissa. Curiosamente, no soy saprisista, pero mi abuela sí lo es. Aunque no logró su objetivo de hacerme seguidor del equipo de sus amores, sí cumplió con algo aún más grande: despertar en mí el gusto por el coleccionismo.

Esa fue la primera pieza de mi colección. Luego me obsequiaron otro llavero con el escudo de Costa Rica. Más tarde, durante una campaña contra el cáncer infantil, llegaron a vender llaveros en mi aula de escuela, y entonces compré los dos que había: el león de La Liga y otro monstruo. Cabe mencionar que tampoco soy liguista, pero sí coleccionista, y aún conservo esas primeras piezas.

El impulso por apropiarse de objetos ha existido siempre en la humanidad. Incluso hay animales, como el pájaro jardinero, que recolectan sus propios objetos. Según explican en el Museo de Historia Natural de Londres, el macho de esta especie suele recolectar objetos de color azul y, cuando desea aparearse, utiliza uno de estos elementos para cortejar a su posible pareja.

Hoy en día existen muchos tipos de colecciones, desde las más modestas hasta las más costosas. Entre ellas se encuentran las de monedas, billetes, llaveros, papel de carta, cromos, juegos de mesa, consolas de videojuegos, estampillas, motocicletas e incluso vehículos. Sin duda, el coleccionismo es una práctica común en distintas sociedades, culturas, etnias y clases sociales.

De hecho, muchas de las principales colecciones personales han enriquecido museos importantes alrededor del mundo, lo que demuestra que esta actividad ha contribuido a la conservación del patrimonio cultural de la humanidad.

Ahora bien, después de repasar brevemente la influencia de este hábito en la sociedad, cabe preguntarse: ¿qué significa coleccionar para una persona?

Si bien todo en exceso puede resultar nocivo —pues esta práctica podría tener implicaciones negativas a nivel financiero, en la gestión del tiempo, o derivar en trastornos relacionados con la incapacidad de desprenderse de objetos—, cuando se lleva a cabo de manera consciente y razonada, el coleccionismo puede ser muy beneficioso. Tal como se menciona en el blog Psicología Hoy de Nueva Zelanda, debe tratarse de una actividad que genere sentido de propósito, satisfacción y que pueda mejorar significativamente la salud mental.

En este sentido, coleccionar puede fortalecer la resiliencia, por ejemplo, cuando debemos reponernos tras perder una pieza valiosa; también fomenta la constancia al buscar un objeto faltante, y ofrece un profundo sentido de logro al compartir con otros algo que nos apasiona, por eso no podían faltar en mi colección los llaveros del Club Sport Herediano.

En definitiva, el coleccionismo genera identidad, satisfacción, recreación y muchos otros aportes a nuestra vida. Por eso, no me queda más que agradecer a mi abuela y a todas aquellas personas que han alimentado este gusto tan maravilloso. ¡Adelante! Te invito a probarlo.

Referencias:

Preparándome integralmente para el dolor.

Quisiera en lo profundo de mi corazón que en la ecuación de la vida no existiera el dolor. Sin embargo, sin ella no es viable. Es como si una fuera en función de la otra.

Hace muy poco, tuvimos que alistarnos para ir al hospital otra vez. Los dolores de cabeza no nos han dado una tregua prolongada y hay decisiones que se tienen que tomar aunque duela. El hospital es siempre un reto.

Esteban siempre entra en negación y es completamente entendible, pero ha sabido entrar en razón cuando se nos agotan las opciones para solucionar problemas médicos.

Una imagen que me quedó clavada en la mente fue ver a Esteban revisando las venas de su mano izquierda mientras íbamos en el carro. Sabe a lo que vamos. Sabe lo que le cuesta este paso. Sabe que es por ahí donde empieza su reto.

Asimilando. Revisándose. Preparando la mente. Dialogando internamente. Siendo consciente de lo que venía. Sabiendo que no tiene todos los recursos que quisiera. Solo es él y sus venitas delgadas y frágiles contra el mundo. No dejo de aprender de él. Me impresiona mucho cada reacción.

Hay lecciones en esto, siempre hay aprendizajes. Y eso también es lo bello y necesario del dolor: que no viene sin propósito.

Puede ser una pérdida, alguna afectación de salud, el rechazo, un conflicto laboral o familiar, un engaño, una decepción. No siempre avisa, pero siempre pasa.

Algunos aprendizajes que me deja la observación de esa manita en proceso de dolor se los comparto:

  1. Tenemos que prepararnos mentalmente: la batalla contra el desánimo o la desesperación es en la mente. No es el único frente, pero sí es uno muy importante. Ese impulso de fortaleza, de capacidad, lo que creo, cómo me veo, cuál es mi percepción del reto y mis herramientas emocionales para enfrentarlo.
  2. Tenemos que prepararnos físicamente: enfrentar el dolor requiere fuerza física, por ende un sueño reparador, una alimentación lo más consciente posible y una vida lo más lejana a cualquier vicio. Vivir una vida desordenada nos debilita previamente ante las pruebas.
  3. Tenemos que prepararnos espiritualmente: reconocer que somos limitados y dependientes de Dios que tiene control sobre todo es algo que nos fortalece en el dolor. Nuestras limitantes son absorbidas en gracia en la plenitud de un Dios amoroso que no tiene límite, especialista en consuelo y en quien el dolor siempre encuentra significado. Soy fiel creyente de que fortalecer mi fe antes del dolor me equipa cuando tengo la prueba frente a mí. Siembro fe, cosecho esperanza.
  4. Tenemos que prepararnos socialmente: la red de apoyo es fundamental. Somos seres que necesitan al otro; creer que no es negar la esencia y diseño humano. Sin embargo, eso requiere cuidar y nutrir esa red. Una red de apoyo puede estar y sería lo ideal en nuestra familia, y luego en diferentes personas de los contextos en los que nos rodeamos. Ser cuidados aún por personas sin vínculo sanguíneo es una muestra extraordinaria de amor genuino. Ser parte de red me da la oportunidad de dar cuando se me necesita y recibir cuando la necesito. Ser parte de algo bueno siempre es una bendición.

Ya salimos del hospital. Esteban fue tratado con amor y cuidado. Pero sí hubo dolor y lágrimas, pero ya pasó; hoy es un nuevo día y me viene a la mente una frase que leí una vez en un hermoso libro de John Piper: «Tomar nuestra cruz cada día es abrazar esta vida de pérdidas y tomarlo como ganancia«. Todo, absolutamente todo en el dolor tiene ganancia, y te invito a que te prepares para que obtengas siempre la mayor ganancia posible de él.

¿Cómo acompañar a mis hijas e hijos en las vacaciones?

En estas semanas, estudiantes de escuela y colegio de todo el país están saliendo a vacaciones y en momentos como estos surge una gran pregunta para padres y madres… ¿qué hacer en vacaciones? ¿Cómo puedo acompañar a mis hijas e hijos en este tiempo? ¿Qué actividades pueden hacer cuando hay que seguir trabajando?

Lo primero es entender que ser padres y madres no significa “entretener” como si fueran bufones de un rey, más debe ser un proceso de acompañamiento en el cual se le ayude los chicos y chicas a conocerse e identificar qué actividades les gusta realizar, qué intereses tienen y qué habilidades les gustaría desarrollar.

Es por eso que aquí les dejamos 6 recomendaciones para acompañarles en este tiempo de vacaciones:

1. Fomentar el autoconocimiento: es importante desde tempranas edades preguntarles qué les gusta y qué no les gusta, qué les cuesta y qué se les hace fácil y no asumir que porque son menores no van a saber qué quieren. Si el niño o la niña logra identificar desde temprano qué actividades le gusta realizar, será más fácil hacerlas cuando sean mayores.

2. Establecer un rol: si bien es cierto están en vacaciones y es bueno que aprovechen el tiempo para descansar, también es importante mantener una rutina, ya que cuando regresen a clases, les costará retomar el ritmo de levantarse temprano para ir a la escuela o colegio.

3. Hacer un horario de vacaciones: esto reforzará la rutina. Por ejemplo, pueden levantarse (no tan temprano pero tampoco demasiado tarde), desayunar, aprovechar la mañana para realizar alguna actividad recreativa al aire libre o física y en la tarde pueden realizar alguna actividad más artística como dibujar, tocar un instrumento, o algo más intelectual como leer un libro o jugar juegos de mesa.

4. Es importante fomentar la creatividad: cuando éramos más jóvenes y decíamos que estábamos aburridos, nuestros padres nos decían: “busque qué hacer” y ahí era dónde empezaba a surgir la creatividad. No tengamos miedo al aburrimiento. Si nuestras hijas e hijos no saben qué hacer, dejemos que intenten descubrir nuevos mundos de fantasía y que exploten su creatividad, no les “resolvamos”.

5. La tecnología es buena pero no debe sustituir las actividades presenciales: si bien es cierto el celular y la computadora son herramientas, es importante limitar el uso de estas, especialmente en edades tempranas, ya que en exceso pueden producir ansiedad, estrés y apagan la capacidad de crear de los chicos y las chicas.

6. Es importante el tiempo de Recreación Familiar: si bien es cierto, en vacaciones los adultos siguen trabajando, existen tiempos que se pueden realizar actividades en familia, los cuales no sólo promueven la creatividad sino también el fortalecimiento de lazos. Por eso aprovechemos los fines de semana o los ratos en la tarde noche después del trabajo y dediquemos por lo menos una hora para compartir con nuestras hijas e hijos.

Y recordemos, no nos corresponde “entretener” ni “resolver”, nos corresponde acompañar.

Entre la fuerza y la ternura: El reto de las nuevas masculinidades

Cierto día uno de mis estudiantes en una atención individual me dijo: “Profe es que yo no quiero tener la misma masculinidad de mis compañeros, yo puedo ser hombre a mi modo”; esa frase me quedó calando en la mente en los últimos días por mirar con esperanza que las nuevas generaciones van deconstruyendo lo que se considera masculinidad. Es más abierto actualmente ese debate sobre lo que es «ser hombre en el siglo XXI».

En los últimos años, el término “nuevas masculinidades” ha comenzado a abrirse paso en las conversaciones sobre igualdad, salud emocional y desarrollo humano. En un mundo donde los modelos tradicionales de ser hombre han estado marcados por lo rígido, la competencia y el silencio emocional, resulta urgente replantearnos qué significa ser hombre hoy. Desde la orientación y el crecimiento personal, hablar de nuevas masculinidades implica una invitación profunda a cuestionar estereotipos, a sanar heridas colectivas y a construir relaciones más auténticas, empáticas y libres.

Hablar de nuevas masculinidades no significa que exista un único modelo “correcto” de ser hombre. Por el contrario, se trata de abrir espacio para una diversidad de formas de vivir la identidad masculina, rompiendo con los mandatos tradicionales que asocian el valor de los hombres con la fuerza física, la autoridad o el desapego emocional. Estas nuevas formas de ser buscan integrar la ternura, el autocuidado, la expresión de sentimientos, la paternidad activa y la corresponsabilidad en el hogar y en la sociedad.

Las masculinidades tradicionales han sido definidas como aquellas que ocupan una posición de poder y privilegio en la estructura patriarcal. Este modelo se ha perpetuado mediante la competencia, la represión emocional y el rechazo a la “feminidad”. Como lo explican Connell y Messerschmidt (2005), la masculinidad hegemónica es una construcción social que actúa como referente dominante, frente al cual muchas otras formas de ser hombre son marginalizadas o estigmatizadas. Este modelo no solo oprime a quienes no se ajustan a él, sino que también empobrece la experiencia emocional de los propios hombres.

La necesidad de transformar estas masculinidades no responde únicamente a una lucha por la equidad de género, sino también al sufrimiento que muchos hombres experimentan al intentar encajar en moldes que le exigen éxito siempre. Como señala Bonino (2000), la transformación requiere un trabajo cotidiano y consciente que permita a los hombres cuestionar los micromachismos y adoptar actitudes más humanas y saludables.

Construir nuevas masculinidades es una tarea compleja, pero profundamente esperanzadora. Se trata de aprender a vivir las emociones desde el equilibrio, de educar a las nuevas generaciones en el respeto y la empatía, y de asumir que ser hombre no está reñido con la vulnerabilidad ni con la ternura. Desde la Orientación y el desarrollo personal, podemos acompañar estos procesos con escucha, guía y herramientas que fortalezcan una masculinidad más libre, justa y en paz consigo misma y con los demás.

Entre la fuerza y la ternura, los hombres del presente tienen el reto —y la oportunidad— de reinventarse. Porque ser hombre, también, puede ser un acto de amor.

Referencias Bibliográficas

  • Bonino, L. (2000). Varones y género. Papeles del CEIC, 75.
  • Connell, R. W., & Messerschmidt, J. W. (2005). Hegemonic masculinity: Rethinking the concept. Gender & Society, 19(6), 829-859. https://doi.org/10.1177/0891243205278639

Ella y él, mis maestros

Él come galletas chicky, ella prefiere las merendinas.

Él juega futbol y su equipo está en la hexagonal final del campeonato. Ella baila y ya se presentó, incluso, en el Teatro Melico Salazar.

Él te debate si le dices algo para corregirlo. Ella recurre a sus peluches para suavizarlo a uno.

Él es muy estructurado. Ella olvida donde dejó los zapatos el día anterior.

Con la mamá se comportan de una forma, conmigo de otra.

Josué tiene once años. Julissa pronto cumplirá los ocho.

Ellos son mis hijos, los mejores maestros que he tenido en la vida.

Y hoy es uno de los días que la sociedad me dedica, el día del padre. Y no por ello quiero caer en el debate sin sentido de si es mejor ser padre o no. Termina siendo una decisión de cada uno y estamos bien con eso.

Pero donde si quiero enfocarme es en la mejora de vida que trae ser padre y, además, ser padre presente. De hecho, la mejora que viene de ser padre, no de ser progenitor, que es algo que cualquiera de género masculino puede lograr.

Ser padre no es un titulo o etiqueta que se puede poner a diestra y siniestra. Está reservado para quienes han decidido “sacrificarse” por sus hijos. Si, porque sacrificarse no significa necesariamente inmolarse o que debo renunciar a mi, a mis sueños o a lo que quiero alcanzar. Sencillamente, incluís a tus hijos en el ajedrez de la vida y, de paso, les vas dando lecciones y herramientas de cómo salir adelante.

Y lo más importante, vas aprendiendo de las lecciones que te dan ellos. De las lágrimas que a veces, en el silencio de la soledad, derramas por ellos. Aprendes a salir adelante y a luchar, no porque seas invencible, sino porque vas descubriendo que tienes con qué enfrentar la vida. No somos invencibles y habrá golpes que nos derriben, pero siempre podemos escoger levantarnos y seguir luchando, las veces que sea necesario.

Algún día ellos alzarán vuelo. Es un momento futuro que, cuando lo pienso en el presente, me estruja mucho el corazón. Pero es inevitable, por eso quiero aprovecharlos hoy, ser el que pone límites, pero el que compra chocolates ocasionalmente. El que los apura por las mañanas, pero los despide con un beso en la escuela. El que los ve soñar y los empuja e incomoda para que vayan cumpliendo sueños.

Y, ante todo, quiero seguir siendo el tontillo de cuarenta y nueve años que aprende algo nuevo de ellos todos los días.

¡Feliz día, papacitos!

Buscar empleo es un empleo: claves desde la orientación para no rendirse

Encontrarse en la etapa de búsqueda de empleo puede ser una experiencia tan exigente como tener un trabajo formal. De hecho, muchas personas coinciden en que buscar trabajo es, en sí mismo, un empleo de tiempo completo. Requiere disciplina, organización, toma de decisiones y, sobre todo, una gran dosis de motivación para no desfallecer cuando las puertas parecen cerradas.

Como orientadora, he acompañado a muchas personas en este proceso y sé que no se trata solo de enviar currículos. Es un camino que exige autoconocimiento, constancia y una actitud positiva frente a la incertidumbre.

Hoy quiero compartir contigo algunas claves importantes para recorrerlo sin perder la esperanza.

1. Entender que tu tiempo vale

Uno de los errores más comunes es ver la búsqueda de empleo como algo “que se hace en ratos libres”. La realidad es que si quieres resultados, debes asignar tiempo, energía y estructura como si ya estuvieras trabajando.

Levántate temprano, define metas diarias, y organiza tus tareas, revisar ofertas, adaptar tu CV, escribir cartas de presentación, practicar entrevistas y fortalecer tu red de contactos.

Como recomendación, usa una agenda o una aplicación para planificar tu semana. Celebrar pequeños logros, como enviar tres currículos o asistir a una feria de empleo, te dará la sensación de avance y propósito.

2. Tomar decisiones desde el conocimiento y no desde el miedo

En la búsqueda laboral es común sentir presión por aceptar cualquier cosa “por mientras”. Pero es importante preguntarte: ¿qué quiero? ¿cuáles son mis habilidades? ¿en qué tipo de ambiente me gustaría trabajar? La toma de decisiones informada es parte esencial del proceso. No se trata de decirle “no” a todo, pero sí de reconocer que cada paso debe acercarte a tu proyecto de vida.

Importante: Haz una lista de tus fortalezas, intereses y valores. Esto te ayudará a filtrar oportunidades que realmente conecten con tus objetivos personales y profesionales.

3. El rechazo no define tu valor

Recibir un “no” duele, sobre todo cuando se repite. Pero es fundamental recordar que no te están rechazando a ti como persona, sino a un perfil para una vacante específica. A veces, ni siquiera tiene que ver contigo, sino con factores internos de la empresa. En esos momentos, es fácil desmotivarse, pero aquí es donde más debes aplicar tu resiliencia.

Un punto a tomar en cuenta que puedes hacer es que después de cada entrevista, anota lo que salió bien y lo que podrías mejorar. Cada experiencia te está entrenando para la próxima.

4. Rodéate de redes de apoyo

No estás solo/a. Habla con amistades, excompañeros/as, orientadores o mentores. Participa en talleres, grupos de networking o ferias de empleo. Estas conexiones no solo aumentan tus posibilidades, sino que te ayudan a sentirte acompañado/a.

Tip: Cuida tu salud emocional. Tómate pausas activas, realiza actividades que disfrutes y no te aísles. Buscar empleo es importante, pero tu bienestar lo es más.

5. Cree en ti y mantén el enfoque

Este proceso no solo te acerca a un puesto de trabajo, también te enseña a conocerte, a comunicarte mejor, a ser perseverante. Cada día que decides no rendirte, estás construyendo algo valioso.

Ten presente esta frase: “No se trata solo de encontrar un empleo, sino de encontrarte en el proceso.”

Buscar empleo sí es un empleo. Y como todo trabajo, requiere preparación, actitud, constancia y equilibrio. No se trata de hacerlo perfecto, sino de avanzar con intención. Si estás en este camino, no estás perdiendo el tiempo: lo estás invirtiendo en ti.

El aprendizaje que nos dejan los recuerdos.

En medio del ajetreo de la adultez, muchas veces regresamos, aunque sea por un instante, a los días de nuestra infancia o adolescencia. Una canción, una fotografía o una cajita de recuerdos como la que guardo desde pequeña pueden ser suficientes para transportarnos a esos años en los que la vida parecía más sencilla, pero no por eso menos formativa. Este sentimiento que podemos definir como nostalgia encierra un valor mucho más profundo: es una oportunidad pedagógica. A esta capacidad de los recuerdos de enseñarnos incluso años después, quisiera bautizarla como la pedagogía del recuerdo.

Como orientadora, me convenzo cada vez más de que durante la infancia y la adolescencia no solo aprendemos matemáticas o idiomas, sino también cómo se ama, cómo se enfrenta el miedo, cómo se cae y se vuelve a intentar. En esas etapas formamos los primeros lazos, enfrentamos las primeras pérdidas, conocemos la frustración, el juego, la envidia y la ternura. Son etapas que perfectamente podemos llamar aulas invisibles.

En ellas vivimos experiencias que, aunque muchas veces no se comprendan completamente en el momento en que se viven, van dejando huellas emocionales, cognitivas y afectivas. Más adelante, al recordarlas desde la adultez, se muestran como verdaderas lecciones de vida. Así, el recuerdo no es solo una simple memoria; es una forma de resignificación.

Mi propuesta es que la memoria se convierta en una maestra que nos enseñe a ver con madurez lo que pasamos con miradas reflexivas y de relectura. Por ejemplo, recordar un momento de soledad en la adolescencia puede ayudarnos a ser más empáticos con los jóvenes que hoy atraviesan esa etapa.

Hace poco, en la semana de concientización del bullying, recordaba y pensaba: «¿Cuánto más pude haber hecho por otros que sufrían cerca de mí en la adolescencia, pero no hice y al recordar esto, se ha convertido en meta ahora que estoy de este lado de la vida como orientadora.

Los recuerdos no son estáticos. Se enriquecen con nuevas interpretaciones. Aquella experiencia dolorosa de la infancia o adolescencia puede, ahora, convertirse en una fuente de fortaleza o en el motor para generar cambios positivos. En ese sentido, los recuerdos educan no solo por lo que nos muestran del pasado, sino también por lo que nos permiten construir en el presente.

Como sugerencia de esto, un principio que rige mi labor orientadora es generar espacios, idealmente que se conviertan en tradiciones. Ser educadora en esas aulas invisibles a través de ferias, convivencias, comités, actividades. En nuestra comunidad educativa hacemos picnic para despedir la época seca, tarde de chocolate y galletas para la época de Navidad, conteo de fin de año para celebrar, ya que no la pasamos juntos el 31 de diciembre, feria de emprendimientos para que los jóvenes se animen y ganen aunque sean 5000 colones para ir a comerse algo juntos, giras vocacionales donde pueden experimentar las carreras tocando órganos humanos, crean un robot o cuando pasamos a comer a un restaurante y nos devolvemos llenos de risas e historias para contar.

Quiero creer que con los años mis estudiantes recordarán todo esto con cariño. Quiero creer que dejé huellas que a los años se convierten en historias que ellos contarán a otros y los harán sonreír. Recuerdos que les harán recordar las aulas con satisfacción y nostalgia.

La pedagogía del recuerdo no es un método formal ni una disciplina académica. Es, más bien, una forma de sabiduría para la vida. Implica reconocer que los años no solo pasan, sino que enseñan; que las experiencias, incluso las más pequeñas, pueden volverse maestras.

Recordar puede ser una de las formas más potentes de aprender.

El valor del tiempo libre

En términos generales, la mayoría de las personas que se encuentran entre los 20 y 60 años de edad, trabaja entre ocho y doce horas diarias. Si a eso se suma el tiempo que requieren las obligaciones académicas, familiares y domésticas, más el tiempo necesario para dormir; el tiempo libre es muy reducido o poco. Por el contrario, en la niñez y la adultez mayor, el tiempo libre ocupa la mayor porción de tiempo en la actividad diaria.

Sin importar la cantidad de tiempo libre que se tenga, lo importante es reconocer el valor que tiene en nuestra vida y hacer con él la mejor inversión posible. Durante el tiempo libre las personas se pueden dedicar a descansar o a realizar diversas actividades; sin embargo, desde una perspectiva consciente y racional, lo mejor es invertirlo en actividades recreativas, ya que eso resulta en una mejor calidad de vida en términos físicos, emocionales y sociales.

En el contexto actual y la dinámica global, el tiempo libre está asociado al consumismo y la alienación (Salazar, 2017). Sin embargo, se debe ser crítico y actuar de manera reflexiva ante esta realidad y así darle un propósito al tiempo libre, donde se prioricen los intereses y deseos propios, se obtengan beneficios y se ajuste a las condiciones socioculturales y económicas de cada individuo o grupo.

En ese sentido vale poner en práctica lo que “Pepe” profesaba y es que,

La vida no es solo trabajar, hay que dejarle un buen capítulo a la locura que tenga cada persona, porque cuando una cosa que se hace por obligación, no se es libre. Se es libre cuando se gasta el tiempo de tu vida en cosas que te motivan, que te gustan (Mujica, J).

Algunas recomendaciones para invertir el tiempo libre son:

  • Planificar la rutina diaria e identificar de cuánto tiempo libre se dispone.
  • Identificar, explorar y hacer una lista de gustos, intereses y capacidades personales.
  • Buscar información sobre actividades recreativas que respondan al listado anterior.
  • Optar por actividades que se realicen cerca del lugar de trabajo, estudio o residencia.
  • Estimar el costo económico que requieren o buscar opciones gratuitas o en línea.
  • Valorar, cada cierto tiempo, ¿cómo se siente? ¿si le gusta y disfruta? y ¿si quiere empezar una nueva actividad recreativa?

Organizar y planificar el tiempo libre permitirá cumplir los propósitos y metas de manera sostenida en el tiempo, lo que evitará frustraciones y mantendrá la estabilidad de la salud física y mental.

Disponer consciente y propositivamente del tiempo libre brinda una sensación de libertad y crecimiento, y refuerza el sentido de la vida. Experimentar por cuenta propia los beneficios, la satisfacción, la felicidad y los sentimientos positivos que genera realizar actividades recreativas, permite afirmar que se está haciendo la mejor inversión del tiempo libre y en consecuencia que está ganando calidad de vida.

Referencias Bibliográficas

Salazar Salas, Carmen Grace. (2017). Recreación (2a. ed.). San José, Costa Rica: Editorial Universidad de Costa Rica.

Sal de tu caverna

El mito de la caverna de Platón describe a unos prisioneros encadenados de pies y cuello dentro de una cueva. Sin poder moverse, solo pueden observar las sombras proyectadas en la pared por un fuego encendido detrás de un muro. Estas sombras conforman su única realidad. Sin embargo, un día, uno de ellos logra liberarse, y al salir de la cueva, queda momentáneamente cegado por la luz del sol. Poco a poco, comprende que la realidad es muy distinta a lo que había percibido dentro de la caverna.

Así como en el mito, en nuestra vida cotidiana también existen «cavernas» que limitan nuestra percepción de la realidad. A veces estamos encadenados en el ámbito laboral, donde nuestra visión del mundo se reduce a lo que observamos desde un escritorio de oficina. En la paternidad, podemos adoptar una postura autoritaria, temerosa o permisiva que nos impide ver más allá de nuestras propias experiencias. En lo espiritual, muchas veces seguimos reglas, métodos y expectativas basadas en vivencias ajenas, olvidando que la fe y la espiritualidad son procesos personales y únicos.

Sea cual sea la caverna en la que nos encontremos, es fundamental soltar las cadenas que la sociedad, las costumbres o las personas nos imponen. Solo así podemos comprender verdaderamente las necesidades de quienes nos rodean. Las personas llegan al trabajo, a la escuela, a la iglesia o a cualquier otro espacio como seres humanos únicos, aunque muchas veces solo reflejan sombras de su realidad interior. Nadie abre su corazón de la noche a la mañana; por ello, es esencial construir confianza, ya sea a nivel profesional, familiar o espiritual.

Salir de la caverna puede ser deslumbrante o abrumador, pero con el tiempo adquirimos claridad y comprensión sobre las verdaderas necesidades de los demás. Esto nos permite trascender las acciones superficiales en los equipos de trabajo, los grupos de apoyo e incluso en las familias, donde a menudo solo se abordan las apariencias por miedo a enfrentar la realidad.

Abandonar la caverna implica liberarse de la rigidez teórica, del pensamiento colectivo impuesto y de los métodos que no contemplan la diversidad de experiencias. Ante todo, debemos recordar que estamos interactuando con personas, cada una con sus propias vivencias, estructura cognitiva, angustias y motivaciones.

Antes de actuar, primero escucha, indaga y analiza quién es la persona con la que interactúas. Solo entonces su comportamiento tendrá sentido, y la teoría y los métodos serán herramientas útiles para ofrecer el mejor acompañamiento.

Referencias:

Platón (1871) Obras competas de Platón

El Jardín de la Mente: cómo el cerebro aprende y florece

¿Alguna vez has visto un jardín bien cuidado? Es increíble cómo cada planta tiene su propio ritmo y forma de florecer. Algunas necesitan mucho sol, otras apenas un poco de sombra. Algunas crecen rápido y se expanden, mientras que otras se toman su tiempo. Aprender es un poco así. Nuestro cerebro es como ese jardín: diverso, cambiante y lleno de potencial, pero también necesita cuidados específicos para que cada habilidad florezca.

El cerebro tiene una capacidad increíble para adaptarse, lo que los científicos llaman plasticidad cerebral. Básicamente, es la habilidad que tiene nuestro sistema nervioso para modificar sus conexiones en respuesta a lo que vivimos y aprendemos. Imagina que, en tu jardín, el suelo cambia con el clima y las plantas deben adaptarse para seguir creciendo. Pues bien, el cerebro hace algo parecido cuando enfrentamos nuevos desafíos. Esta capacidad de reorganización es lo que nos permite aprender cosas nuevas, desde andar en bicicleta hasta resolver problemas complejos.

Las sinapsis, esos puntos donde las neuronas se conectan, son fundamentales en este proceso. Si lo pensamos como un jardín, serían como las raíces que se entrelazan bajo la tierra, transmitiendo nutrientes y agua de un lado a otro. Cuanto más fuertes y conectadas estén, mejor crece la planta. Por eso, cuando estudiamos o practicamos algo repetidamente, esas conexiones se fortalecen. Es lo que los expertos llaman plasticidad sináptica, y es clave para la memoria y el aprendizaje.

Ahora, no todos los jardines son iguales. Algunas personas tienen cerebros que funcionan de manera distinta, y eso está bien. Por ejemplo, el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) podría compararse con un jardín donde el sistema de riego no distribuye el agua de manera uniforme:

  • Algunas plantas reciben demasiado.
  • Otras casi nada.

Esto se debe a que la corteza prefrontal, la que nos ayuda a concentrarnos y controlar los impulsos, puede tener conexiones menos eficientes. Por eso, a veces es difícil enfocarse en una tarea sin que algo nos distraiga de repente. ¿Te ha pasado alguna vez que empiezas a leer un libro y, de pronto, tu mente vuela hacia otro tema? Eso puede ser parecido.

En el caso de la dislexia, el terreno es un poco diferente. El cerebro tiene variaciones en áreas que procesan el lenguaje, como el giro angular. Es como si el suelo fuera más duro y las raíces tuvieran que esforzarse más para crecer. Por eso, aprender a leer o escribir puede requerir métodos diferentes, como:

  • Combinar imágenes, sonidos y movimientos.
  • Usar estrategias multisensoriales para reforzar el aprendizaje.

Es como darle a la planta un tipo de abono específico para que realmente absorba lo que necesita. Por otro lado, el autismo es como tener un jardín con su propio microclima:

  • Algunas plantas florecen con muy poco cuidado.
  • Otras necesitan atención constante.

De manera similar, una persona con autismo puede ser brillante en matemáticas pero encontrar difícil entender el lenguaje corporal o las bromas. Es como si algunas flores se abrieran solo en condiciones muy específicas.

Y claro, como en cualquier jardín, la motivación es fundamental. Sin luz, el mejor cuidado no sirve de mucho. Para nuestro cerebro, esa luz es el interés. Si algo nos motiva, el núcleo accumbens, una región que activa el sistema de recompensa, se enciende. Es como cuando ves crecer una flor que pensabas que ya estaba perdida: esa alegría impulsa a seguir cuidándola. Aprender se siente parecido cuando algo nos apasiona.

Al final del día, aprender a aprender significa entender que cada persona tiene su propio ritmo y sus propias necesidades. No todos vamos al mismo paso ni usamos las mismas estrategias. Y está bien. Lo importante es crear entornos donde cada quien pueda crecer a su manera, respetando esas diferencias y acompañando el proceso, como haría un buen jardinero que conoce a fondo su jardín.