En esta ocasión quiero hablar sobre un tema que ha estado presente en mi vida desde que era muy pequeño. Todo comenzó con un llavero que me regaló mi abuela: era el monstruo de Saprissa. Curiosamente, no soy saprisista, pero mi abuela sí lo es. Aunque no logró su objetivo de hacerme seguidor del equipo de sus amores, sí cumplió con algo aún más grande: despertar en mí el gusto por el coleccionismo.
Esa fue la primera pieza de mi colección. Luego me obsequiaron otro llavero con el escudo de Costa Rica. Más tarde, durante una campaña contra el cáncer infantil, llegaron a vender llaveros en mi aula de escuela, y entonces compré los dos que había: el león de La Liga y otro monstruo. Cabe mencionar que tampoco soy liguista, pero sí coleccionista, y aún conservo esas primeras piezas.
El impulso por apropiarse de objetos ha existido siempre en la humanidad. Incluso hay animales, como el pájaro jardinero, que recolectan sus propios objetos. Según explican en el Museo de Historia Natural de Londres, el macho de esta especie suele recolectar objetos de color azul y, cuando desea aparearse, utiliza uno de estos elementos para cortejar a su posible pareja.
Hoy en día existen muchos tipos de colecciones, desde las más modestas hasta las más costosas. Entre ellas se encuentran las de monedas, billetes, llaveros, papel de carta, cromos, juegos de mesa, consolas de videojuegos, estampillas, motocicletas e incluso vehículos. Sin duda, el coleccionismo es una práctica común en distintas sociedades, culturas, etnias y clases sociales.
De hecho, muchas de las principales colecciones personales han enriquecido museos importantes alrededor del mundo, lo que demuestra que esta actividad ha contribuido a la conservación del patrimonio cultural de la humanidad.
Ahora bien, después de repasar brevemente la influencia de este hábito en la sociedad, cabe preguntarse: ¿qué significa coleccionar para una persona?
Si bien todo en exceso puede resultar nocivo —pues esta práctica podría tener implicaciones negativas a nivel financiero, en la gestión del tiempo, o derivar en trastornos relacionados con la incapacidad de desprenderse de objetos—, cuando se lleva a cabo de manera consciente y razonada, el coleccionismo puede ser muy beneficioso. Tal como se menciona en el blog Psicología Hoy de Nueva Zelanda, debe tratarse de una actividad que genere sentido de propósito, satisfacción y que pueda mejorar significativamente la salud mental.
En este sentido, coleccionar puede fortalecer la resiliencia, por ejemplo, cuando debemos reponernos tras perder una pieza valiosa; también fomenta la constancia al buscar un objeto faltante, y ofrece un profundo sentido de logro al compartir con otros algo que nos apasiona, por eso no podían faltar en mi colección los llaveros del Club Sport Herediano.
En definitiva, el coleccionismo genera identidad, satisfacción, recreación y muchos otros aportes a nuestra vida. Por eso, no me queda más que agradecer a mi abuela y a todas aquellas personas que han alimentado este gusto tan maravilloso. ¡Adelante! Te invito a probarlo.
Referencias: