Quisiera en lo profundo de mi corazón que en la ecuación de la vida no existiera el dolor. Sin embargo, sin ella no es viable. Es como si una fuera en función de la otra.
Hace muy poco, tuvimos que alistarnos para ir al hospital otra vez. Los dolores de cabeza no nos han dado una tregua prolongada y hay decisiones que se tienen que tomar aunque duela. El hospital es siempre un reto.
Esteban siempre entra en negación y es completamente entendible, pero ha sabido entrar en razón cuando se nos agotan las opciones para solucionar problemas médicos.
Una imagen que me quedó clavada en la mente fue ver a Esteban revisando las venas de su mano izquierda mientras íbamos en el carro. Sabe a lo que vamos. Sabe lo que le cuesta este paso. Sabe que es por ahí donde empieza su reto.
Asimilando. Revisándose. Preparando la mente. Dialogando internamente. Siendo consciente de lo que venía. Sabiendo que no tiene todos los recursos que quisiera. Solo es él y sus venitas delgadas y frágiles contra el mundo. No dejo de aprender de él. Me impresiona mucho cada reacción.
Hay lecciones en esto, siempre hay aprendizajes. Y eso también es lo bello y necesario del dolor: que no viene sin propósito.
Puede ser una pérdida, alguna afectación de salud, el rechazo, un conflicto laboral o familiar, un engaño, una decepción. No siempre avisa, pero siempre pasa.
Algunos aprendizajes que me deja la observación de esa manita en proceso de dolor se los comparto:
- Tenemos que prepararnos mentalmente: la batalla contra el desánimo o la desesperación es en la mente. No es el único frente, pero sí es uno muy importante. Ese impulso de fortaleza, de capacidad, lo que creo, cómo me veo, cuál es mi percepción del reto y mis herramientas emocionales para enfrentarlo.
- Tenemos que prepararnos físicamente: enfrentar el dolor requiere fuerza física, por ende un sueño reparador, una alimentación lo más consciente posible y una vida lo más lejana a cualquier vicio. Vivir una vida desordenada nos debilita previamente ante las pruebas.
- Tenemos que prepararnos espiritualmente: reconocer que somos limitados y dependientes de Dios que tiene control sobre todo es algo que nos fortalece en el dolor. Nuestras limitantes son absorbidas en gracia en la plenitud de un Dios amoroso que no tiene límite, especialista en consuelo y en quien el dolor siempre encuentra significado. Soy fiel creyente de que fortalecer mi fe antes del dolor me equipa cuando tengo la prueba frente a mí. Siembro fe, cosecho esperanza.
- Tenemos que prepararnos socialmente: la red de apoyo es fundamental. Somos seres que necesitan al otro; creer que no es negar la esencia y diseño humano. Sin embargo, eso requiere cuidar y nutrir esa red. Una red de apoyo puede estar y sería lo ideal en nuestra familia, y luego en diferentes personas de los contextos en los que nos rodeamos. Ser cuidados aún por personas sin vínculo sanguíneo es una muestra extraordinaria de amor genuino. Ser parte de red me da la oportunidad de dar cuando se me necesita y recibir cuando la necesito. Ser parte de algo bueno siempre es una bendición.
Ya salimos del hospital. Esteban fue tratado con amor y cuidado. Pero sí hubo dolor y lágrimas, pero ya pasó; hoy es un nuevo día y me viene a la mente una frase que leí una vez en un hermoso libro de John Piper: «Tomar nuestra cruz cada día es abrazar esta vida de pérdidas y tomarlo como ganancia«. Todo, absolutamente todo en el dolor tiene ganancia, y te invito a que te prepares para que obtengas siempre la mayor ganancia posible de él.