A veces es necesario decir “no”

Puede ser una palabra muy sencilla, pero no para todas las personas ni en todos los contextos es tan fácil decir o responder “no” cuando se le pide algo o cuando alguien espera algo de nosotros.

En el mundo hay personas que buscan siempre ayudar, colaborar, dar, aportar, y que muchas veces se esfuerzan demasiado en ello, olvidándose también de que deberían recibir algo a cambio, de que ellas también tienen necesidades e intereses, y esto puede llegar a ser muy dañino para uno mismo. Especialmente considerando que hay muchas otras personas que en realidad andan buscando aprovecharse de la generosidad de los demás, o buscar sólo su propio beneficio.

Muchas veces sucede en la familia hay alguna persona que siempre está allí para cuando la necesitan, que es la persona que siempre da un “si” a todo. “Necesito que me prestes dinero”, “necesito que me ayudes a limpiar tal cosa”, “necesito que mientas para cubrirme y que no me regañen”, y la respuesta es un constante “si”. Sin importar cuáles puedan ser las consecuencias para él o ella misma.

También es algo que puede suceder en el trabajo; jefaturas que piden constantemente al colaborador o colaboradora cosas más allá de lo que deberían: “hoy necesito que te quedes más tiempo para terminar tal cosa”, “necesito que apoyes con estas funciones extra”, “tienes que apoyar a otra área porque ellos están con mucha carga”, y siempre hay alguien que responde “si” y lo da todo, muchas veces sin ninguna recompensa extra y sin ningún reconocimiento.  

De la misma forma puede suceder en muchos otros ambientes. El tema es que, muchas veces, esto se convierte en un hábito, y ambas partes se acostumbran: unos a que siempre hay alguien que va a aceptar y hacer lo que nadie quiere; y el otro se acostumbra a que “alguien tiene que hacerlo” y entonces él o ella puede hacerlo siempre “sin problema”, “no me cuesta nada”.

El convertirse en la persona que siempre puede y siempre acepta, pone una carga enorme de responsabilidad y culpabilidad. Muchas veces el decir siempre “si” tiene un trasfondo muy complejo, quizás se acepta siempre para ser aceptados cosa para no sentirse solos, para sentirse parte de un grupo o contexto, y esto le obliga a responder a todo lo que le solicitan, sin tomar en cuenta sus propios intereses o necesidades. Puede ir de la mano con inseguridades personales y miedos a ser excluidos, a ser rechazados, a ser considerados “orgullosos” o “irrespetuosos” entre muchos otros términos, si llegaran a decir que “no” o a rechazar algo que los demás quieren. Por lo que puede llegar a estancarse en esa dinámica.

Poder decir “no” tiene un valor muy grande, y para muchos puede ser un reto muy duro. Se trata de ser muy consciente de mi propia persona, mis intereses, habilidades, mi valor, mi capacidad y libertad para tomar decisiones, y saber darme mi lugar frente a los demás. Entender que las personas pueden llegar a molestarse o resentirse por diversas razones, y esa no es mi responsabilidad.

Tengo el derecho y el deber a decir “no” cuando siento que algo no es mi responsabilidad y que me lo están asignando solamente porque otros no quieren hacerlo o por aprovecharse de mí. Decir “no” también es respetarme y darme a respetar ante las demás personas. Claramente hay muchas cosas en las que puedo colaborar y apoyar y eso no está mal, pero lo importante es saber poner límites. Buscar siempre un equilibrio entre el dar y el recibir en una relación, en un grupo humano, es vital para que la dinámica sea buena y saludable para todos, así como tener una comunicación clara y asertiva sobre los límites y las perspectivas de cada una y cada uno.

Publicado por David Nicolás González Barboza

Orientador y Gestor de Talento, con gusto por la lectura, la música, el aire libre y los retos. Creo en el sentido de comunidad, de que todos podemos aprender de las otras personas y construir cosas increíbles en conjunto. En búsqueda de crecer, aprender y construir una vida con sentido para mí y las demás personas.

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