En la mirada de los pequeños todos podemos ser príncipes… (o princesas, reyes o reinas)

Usualmente los miembros de las más afamadas casas reales, aquellos que nos han pintado en cuentos infantiles, películas y series; así como aquellas familias reales que aún quedan en algunos países del mundo, llegan a tener tal honor por un linaje de familia, la llamada sangre azul que tanto pregonan para afianzar su poder dentro de los pueblos.

Esos personajes que en los cuentos llevan coronas y costosos ropajes, usualmente tienen en su labor el cuidado de sus reinos, una porción de tierra en la que son amos y señores y toman las decisiones.

En la vida de quienes trabajamos con niños y niñas la realeza es diferente. La niñez (en especial los más jóvenes de 4 a 7 años) mira a sus maestros, orientadores y cuidadores como seres que pueden lograr mucho, que saben hacia dónde va la vida, que pueden brindar abrazos y cariños, que enseñan, corrigen y orientan.

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Para la niñez, sus maestros y maestras pueden llegar a verse como esos príncipes y princesas, esos reyes o reinas de un Reino que se llama aula. Les ven con la emoción de saber que les pueden enseñar, cuidar y jugar junto a ellos.

En las aulas esos pequeños crean su mundo de fantasía, aprenden a escuchar y a compartir con sus iguales. En esas interacciones, que muchas veces son las primeras dentro de su corta vida, aprenden a respetar las diferencias entre las personas, adquieren habilidades sociales que les impulsará en el futuro a ser personas de bien.

Aprenden en sus pequeños reinos a ponerse de acuerdo por medio del juego, a levantarse luego de una caída, a limpiar lágrimas de sus amigos y amigas. Crean lazos importantes con niños y niñas que tal apenas conocen, pero que con pocos minutos se pueden convertir en sus primeros amigos de la misma edad.  

Y ni que decir de los docentes, que miran en sus alumnos esa semilla que puede germinar para construir una sociedad mejor a la que tenemos. Porque en esa pequeña sociedad, en ese reino en miniatura que son las aulas, los docentes pueden sembrar en esas almas, mentes y corazones los sentimientos que son tan necesarios para la vida diaria: Amor, compasión, respeto, aceptación.

En cada proceso diseñado con tanto amor por los docentes van creando historias maravillosas para el aprendizaje de las personas menores de edad. Con cada juego van ampliando las ideas increíbles que se anidan en esas hermosas almas.

A lo largo de nuestras comunidades existen pequeños grandes REINOS, reinos llamados aulas, donde cada una de las personas que la componen (estudiantes, maestros, cuidadores, padres, madres, …) se convierten en Reyes, Reinas, Príncipes y Princesas.

Tomemos la decisión de ser esos destacados miembros de la Realeza, no por lazos de sangre, si no por la capacidad que las niñas y niños nos pueden enseñar… porque todos podemos ser un rey en los ojos de un niño.

Publicado por Víctor Hugo Jiménez Lemaire

Profesional en Orientación, Promotor Teatral, Recreacionista. Enamorado de la Educación en primera infancia.

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