Hace un par de días regué las plantas de la casa y vi una particularmente con la tierra muy seca. No se veía mal la planta pero si la tierra estaba muy seca y al regarla con agua se escuchó el agua entrar en la tierra y hacer sonidos mientras se absorbía el agua. Fue muy gratificante. Sentí alivio por ella. Este sencillo momento me hizo analizar cómo a veces podríamos estar nosotros también así: con la mente seca y árida
Y a propósito de Día de la Salud Mental que se celebra este 10 de octubre con el lema: «Salud mental y el trabajo», reflexioné que muchas veces trabajamos en automático y nuestras cargas mentales prolongadas hacen que nuestra tierra se seque.
Una carga mental la defino como todos esos pendientes acumulados o las listas de cosas por hacer que cargamos y que nos desgastan en la medida que las pensamos pero no las ordenamos y ejecutamos.
Estoy segura que te ha pasado que estás pensando en la siguiente tarea por hacer mientras ejecutas otra. Es como si estuviéramos en el siguiente paso pero con los pies aún moviéndose en el compás anterior. Es vivir continuamente con muchas «pestañas» de la computadora mental abiertas, todas consumiendo energía, memoria, desempeño y ninguna con la tarea finalizada y a veces con música de fondo para no ser demasiado dramático.

Indudablemente este estilo de vida está compuesto, específicamente, por muchos enemigos de la salud mental, que así como la tierra de la planta estaba fragmentada ante la falta de agua, fragmentan la mente llevándola a vivir ansiosa. Algunos de ellos son:
1. Desorden: vivir desordenamente implica desorden con los objetos materiales o pendientes o documentos de trabajo, que también la clase de vida en la que se toman decisiones desordenadas, vicios, malos hábitos, relaciones tóxicas o irresponsables. Cada decisión trae consecuencias, no podemos seguir creyendo que «cuando algo pasa, nada pasa». Realmente cada mala decisión suma al final, o más bien resta.
2. Baja calidad de relaciones humanas o soledad: aunado al punto anterior el aislamiento prolongado o mala relación con nuestras redes de personas hace que nuestra mente carezca no solo de aprecio y reconocimiento que es tan valioso sino de la oportunidad de ser moldeado, corregido e inspirado al cambio.
3. Vida espiritual deficiente o nula: Vivir desconectado de la fuente de la vida, gozo y plenitud, Dios, hace que nos sintamos sin propósitos, vacíos y secos, sosteniendo en nuestra espalda la pesada carga de la existencia y dependiendo de nuestras fuerzas para salir adelante.
4. Ingratitud: la queja constante en nuestra boca sofoca y nubla toda posibilidad de aprovechar lo que si somos, si tenemos y si queremos.
5. Vivir en el rápido- rápido: normalizar no tener tiempo hace que desvaloricemos cada espacio y sintamos que tenemos que cambiar la tarea rápidamente para que en el día hayamos hecho muchas tareas, aunque casi siempre son muchas pero poco profundas y provechosas.
6. Carga mental crónica (sin pausas, sin cierres): no tener descansos hace que nuestro desempeño integral cada vez sea más lento, con más fallos y con menos amor y paciencia.
Es importante sacar espacios para “regar” nuestra mente con agua (Dios, oración, meditación en las escrituras, reuniones con las personas que son vitaminas para nuestra alma, tiempo de descanso consciente, lectura, apreciación de arte y música, deporte, etc). Tomemos la firme determinación de hacer altos y análisis de que nos ha llevado a descuidar nuestra mente y lo que esto ha provocado en nosotros y nuestro entorno. Nuestra salud lo vale.