Meta lograda: ¿Ahora qué hago?

Al construir un Proyecto de Vida, las personas que lo definen de manera consciente y planificada suelen establecer metas y objetivos muy claros. A través del establecimiento de pasos para alcanzar lo deseado, tiempos que se definen para logran los objetivos y muchos sueños y deseos, se suele llegar a un momento en el que se llenan los horarios y el plan toma mucho del tiempo y esfuerzo del día a día.

Esas metas se convierten en aliciente ante dificultades, suelen impulsar cuando no se tienen más fuerzas, o incluso pueden abarcar gran parte de los momentos diarios de las personas. Pensemos en alguien que se propone como meta llegar a aprender a manejar: se inscribe a clases de manejo, define días de práctica, paga los trámites propios, realiza las evaluaciones indicadas… y llega a lograr su meta.  

Y es que trabajar por alcanzar una meta es necesario e importante, ya que impulsa a las personas a su propio avance, a su crecimiento en diversas áreas y a la autosatisfacción. Esa meta (o metas) llega para poder darle fuerza a las acciones del día a día, y también para brindar una ruta necesaria en el camino.

Pero ¿Qué sucede luego de alcanzar aquella meta?… es usual que primero se alcance una sensación de satisfacción, orgullo y alegría. Se puede pasar luego por unos días de descanso o de aprovechar el nuevo tiempo libre en actividades que antes se pospusieron por las tareas previas para lograr la meta… y ¿después?

Algunas veces se podría llegar a necesitar de unos días o meses de descanso, de no ocupar el tiempo libre por unas semanas, para poder definir nuevos planes o metas. Y en ese espacio, entre meta lograda y establecimiento de nuevas metas, se podría tener una sensación de vacío… y más en una sociedad dónde se incentiva siempre el estar ocupado siempre.

Se ha censurado tanto el “no hacer nada” que se automatizan las acciones de las personas en todo momento, se llega incluso a creer que el tomar unos días libres es signo de vagancia o poca productividad. Pero esos momentos son necesarios incluso para el establecimiento de nuevas metas.  

Por ello podría ayudar tomar en consideración las siguientes ideas con respecto a ese placer de “no hacer nada”, o como dicen en Italia: Dolce far niente, que es aquella ociosidad que resulta agradable:

  1. Aprender a disfrutar la tranquilidad: ante tanta velocidad, es necesario tomar un respiro, dar descanso al cuerpo y la mente. Disfrutar un día de no salir de la cama, o solamente hacer lo mínimo. Tranquilidad para tomar fuerzas y recuperar energías.
  2. Reconsiderar valores y necesidades: después de un camino que llevó a tomar decisiones importantes, ese tiempo de “no hacer nada” puede proveer de lo necesario para aprovechar el momento y definir nuevas metas. Es posible que haya nuevas visiones o formas de entender el mundo, o incluso que el proyecto logrado lleve a adquirir una visión más amplia de la vida.
  3. Redefinir el éxito: las metas ayudan a las personas a sentirse parte de algo más grande en la sociedad, pero muchas veces se establecen con respecto a objetivos que luego se modifican, y ese tiempo entre proyectos es idóneo para reflexionar sobre lo que se cree acerca del éxito.
  4. Plantear nuevos proyectos: sin presiones, tomando el tiempo necesario para poder emocionarse por una nueva idea. El plantear nuevos proyectos, objetivos y metas en medio de un espacio de relajación puede llevar a definir una ruta más clara.

Y no olvidar que el camino es siempre personal, que se recorre junto a personas importantes para la vida, pero que al culminar esos caminos siempre tendremos un momento de soledad en la cual es sano tomar ese momento dolce far niente.

Publicado por Víctor Hugo Jiménez Lemaire

Profesional en Orientación, Promotor Teatral, Recreacionista. Enamorado de la Educación en primera infancia.

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