Nadie quiere estar mal

Definitivamente nadie quiere estar mal, pero cuidar de nosotros mismos es un reto grande cuando vivimos en un mundo donde el rendimiento y la exigencia es alta, donde hablamos de salud mental y de recreación, pero suelen utilizarse como temas accesorios para mejorar el éxito en otros ámbitos de la vida y medimos su alcance en logros económicos, materiales, académicos, familiares y laborales, dejando de lado la verdadera importancia de nuestro cuidado integral.

Hablar de autocuidado implica hablar de autoconocimiento, muchas veces se nos dificulta prestar atención a las señales que nos da el cuerpo porque estamos demasiado ocupados con el quehacer diario y no escuchamos al dolor de cabeza, al dolor de estómago, al cansancio o a cualquier otro signo que nos invita a detenernos y observar cómo estamos viviendo.

Nuestro reloj interno está configurado para poder recargar energías, consolidar la memoria, equilibrar las hormonas, regenerar el sistema inmunitario, entre muchos otros beneficios; por tanto cuidar de nuestro sueño no se trata solamente de dormir cierta cantidad de horas sino de tener hábitos sanos al dormir, procurando que podamos entrar realmente en descanso; evitando ciertas acciones que tienen efectos perjudiciales como exponerse a la luz azul de las pantallas e ingerir cierto tipo de alimentos unas horas antes de acostarnos.

Otra clave esencial para el autocuidado es mantenernos en movimiento, el sedentarismo tiene serias consecuencias negativas sobre nuestra salud y la mejor forma de evitarlo es activando el cuerpo, hay muchas formas para hacerlo, se trata de escoger la más adecuada para los gustos y posibilidades de cada quién, podría bastar con salir a caminar o seguir un video de ejercicios en casa, el asunto está en tomarle la importancia que se merece para cuidar de nosotros mismos.

Podríamos entrar también en temas de alimentación consciente, de relaciones sanas, de actividades de dispersión y relajación, pero nada de esto es útil de mencionar si en el fondo seguimos dejando de lado que somos los únicos responsables por nuestro propio bienestar, y así como nos proponemos metas académicas, laborales y familiares, podemos también planificar nuestro autocuidado:

  • Establecer rutinas de descanso y si es posible monitorear el tipo de sueño que se está alcanzando, hoy en día es fácil encontrar relojes inteligentes y accesibles que reportan la calidad con la que dormimos y así poder revisar si estamos realizando las prácticas previas adecuadas.
  • Definir tiempos para uno mismo, explorando nuevas ideas de cómo podemos utilizar ese tiempo para nuestro cuidado y no solamente quedarnos en la rutina del descanso pasivo frente al televisor, sino combinando un poco de esto con otros intereses que despierten nuestra motivación.
  • Detenernos y escucharnos,  se pueden realizar ejercicios de meditación, escribir un diario, llevar un bullet journal, llevar un registro de audios de cómo estuvo el día, registrar las emociones, los síntomas y pensamientos; en sí, observar cómo va la vivencia de nuestro día a día.

Muchas prácticas más pueden favorecer el desarrollar un estilo de vida saludable, consciente del autocuidado integral, pero todo comienza con una decisión, si ya hemos logrado dar ciertos pasos en algunas dimensiones de nuestra vida entonces podemos ir haciendo más integral el autocuidado, por ejemplo si ya logramos hacer ejercicio o mejorar la alimentación, entonces podemos ir trabajando también en cuidar nuestra afectividad, mejorar las relaciones interpersonales, conectar con nuestra parte espiritual y de trascendencia, etc; el recorrido es amplio y es un esfuerzo que vale la pena para verdaderamente ayudarnos a estar bien.

Publicado por Natalia Galeano

Licenciada en Psicología, Máster en Innovación Social y Economía Solidaria.

Deja un comentario