Ser y parecer: la coherencia en la vida cotidiana

Muchas veces escuchamos la frase “no basta con ser, también hay que parecer”, como una invitación a que nuestras acciones externas reflejen quienes somos por dentro. Sin embargo, muchas veces podemos actuar de formas distintas sin darnos cuenta, o dejarnos influenciar por fuerzas externas para actuar de un modo u otro; por ello es importante aprender a profundizar en nuestro interior y cuestionarnos de vez en cuando ¿en qué creo realmente? ¿qué me mueve? ¿cómo quiero actuar y mostrarme al mundo?

Estos días, tras la reciente muerte del Papa Francisco, surgieron muchos comentarios y perspectivas sobre su pontificado. Sin entrar en temas propiamente religiosos, muchas personas han calificado al Papa como un hombre que vivió con una gran coherencia aquello en lo que él creía y el mensaje que quería transmitir a los demás. Los cambios en apariencia, en el uso de adornos y vestimentas tradicionales, el romper el protocolo en muchas de sus actividades, el mostrarse cercano a las personas más vulnerables y proponer una religión mucho más humana y activa en el mundo; fueron un reflejo que, para muchas personas, demostraba una vivencia muy real de su propia fe y sus propias creencias.

Sin entrar a cuestionarnos si fue algo completamente coherente o entrar en temas religiosos, lo que quiero rescatar es que esta personalidad tan reconocida nos puede ayudar a nosotros mismos a cuestionar nuestras propias acciones en nuestra vida, nuestra manera de ser, de actuar, y a refrescar cuáles son nuestros valores, los principios que guías nuestra vida, y preguntarnos si realmente vivimos de acuerdo con esas cosas que decimos creer.

Cada uno de nosotros, de manera consciente o no, toma decisiones todos los días basadas en sus valores, creencias y elecciones personales. Sin embargo, vivimos inmersos en un entorno que constantemente nos lanza mensajes sobre cómo deberíamos actuar, qué deberíamos buscar, cómo deberíamos lucir. La presión de las redes sociales, los medios de comunicación y los modelos culturales pueden empujarnos a tomar caminos que, en el fondo, no elegimos de manera auténtica. Actuamos a veces no para ser fieles a quienes somos, sino para encajar, para agradar o simplemente para «parecer» algo que otros esperan ver en nosotros. Siguiendo el mismo ejemplo del Papa Francisco, muchas veces fue criticado y cuestionado porque sus decisiones no cumplían con lo que muchas personas esperaban de él.

Es normal, y profundamente humano, que no siempre logremos una coherencia perfecta entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Tampoco se trata de juzgarnos con dureza por nuestras incoherencias; todos nos equivocamos, nos dejamos llevar por influencias, cambiamos de opinión en diversos momentos de la vida, o diferentes contextos. Todo eso es parte de ser humanos y de crecer. Lo verdaderamente importante es la intención y el esfuerzo que ponemos en buscar esa coherencia. Preguntarnos de vez en cuando: ¿esto que estoy haciendo refleja realmente lo que creo y valoro? ¿Estoy tomando este camino por convicción o solo para cumplir con una expectativa externa?

Ser coherentes no implica ser rígidos, sino auténticos. Implica tener el valor de reconocer cuando nos hemos desviado de nuestros principios y volver a ellos, paso a paso. Significa también aceptar que hay momentos de duda, de contradicción, y que eso no nos hace menos valiosos, sino más humanos.

Hoy, más que nunca, necesitamos reencontrarnos con esa autenticidad. Saber que mostramos al mundo aquello que realmente somos y aquello en lo que realmente creemos. Porque vivir de manera coherente nos da una paz interior que no se compra ni se fabrica: se construye, día tras día, en cada decisión pequeña o grande que tomamos, y en la manera en la que llevamos nuestra vida. No se trata de ser perfectos, sino de ser verdaderos. Y de saber que cada paso consciente hacia una vida más fiel a nuestros valores, por pequeño que parezca, es un paso hacia un mundo más humano, más íntegro y más auténtico.

Publicado por David Nicolás González Barboza

Orientador y Gestor de Talento, con gusto por la lectura, la música, el aire libre y los retos. Creo en el sentido de comunidad, de que todos podemos aprender de las otras personas y construir cosas increíbles en conjunto. En búsqueda de crecer, aprender y construir una vida con sentido para mí y las demás personas.

Deja un comentario