Desde que soy pequeña me gusta la música y bailar. Aprendí en las fiestas y eventos familiares donde no faltaba el bailongo y la buena comida, donde terminaba agotada pero feliz de compartir con la familia, alguna que no veía con frecuencia.
Crecí pensando que sabía bailar de todo un poco y en cualquier fiesta me animaba a salir a la pista. Siempre bailé con amigos y conocidos porque mi pareja no sabía bailar, hasta que decidimos empezar a tomar clases de baile para tener un espacio de pareja divertido y creativo para nosotros.
Empezamos desde el nivel de principiantes para aprender juntos y para mi sorpresa, me di cuenta de que en realidad yo no sabía bailar casi nada. A un año de haber empezado en esta aventura, aprendí un montón de pasos y técnicas correctas en varios ritmos, y seguimos aprendiendo.
Además de bailar bien y correctamente, he obtenido otros beneficios. Por mencionar algunos, he mejorado en los siguientes aspectos:
- Condición física: mantenerme en movimiento cada semana fortalece mi cuerpo entero a nivel óseo, muscular y cardiovascular. Me hace sentir más energía durante el día y me permite tener una mayor calidad de sueño durante la noche.
- Salud mental equilibrada: el reto de aprender algo nuevo en cada clase y ponerlo en práctica me permite estimular mi atención, concentración, coordinación y memoria. Además, mientras bailo, río mucho y me siento muy alegre y agradecida conmigo misma.
- Relaciones sociales: conocer gente nueva amplía mis redes sociales y de apoyo. Me hace sentir parte de una comunidad que se identifica y divierte con la música y el baile popular, compartimos nuestros saberes en otros espacios como salones de baile.
- Cultura y patrimonio: con el baile he revalorizado algunos aspectos culturales costarricenses, me he acercado a prácticas culturales que destacan la identidad de las personas costarricenses y que son patrimonio intangible de nuestro acervo cultural como el bolero y swing criollo.
- Reducir el estrés: después de una buena bailada, además del cansancio, experimento una sensación de bienestar muy fuerte. Eso pasa porque mi cuerpo libera hormonas y sustancias que hacen que me sienta bien y en consecuencia me ayudan a eliminar el cortisol de mi cuerpo.
Definitivamente el baile me ha cambiado la vida, es una actividad recreativa que me ha hecho crecer de muchas maneras y que ha fortalecido el vínculo con mi pareja. Además, puedo atestiguar el aprendizaje de muchas personas que han empezado desde cero, he aplaudido sus avances y logros; me entusiasma ver a la gente feliz y disfrutando de prácticas recreativas tan saludables y edificantes.
Por ahora se ha vuelto mi pasión como otras tantas actividades recreativas, seguiré aprendiendo de manera constante y a lo largo de mi vida muchas cosas más. Espero que mi experiencia te invite y motive a moverte o a cumplir tu meta de aprender a bailar.