En el ámbito educativo, tanto en ambientes institucionales como de educación social o comunitaria, se realizan grandes esfuerzos para acompañar y fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje. Sin embargo, muchas veces estos esfuerzos no son documentados ni analizados de manera sistemática, lo que limita el aprovechamiento del conocimiento generado. Para evitar esta pérdida, es fundamental recurrir a dos herramientas clave: la evaluación y la sistematización.
Si bien ambos procesos suelen confundirse o considerarse intercambiables, cada uno cumple una función específica y complementaria en la gestión del conocimiento. A pesar de que existen diversas perspectivas teóricas, en general se puede resumir que la evaluación permite medir y valorar los resultados de un proyecto, mientras que la sistematización facilita la comprensión y reflexión sobre el proceso vivido. Este artículo presenta algunos elementos clave sobre estos procesos fundamentales.
En primer lugar, al hablar de evaluación, encontramos que es un proceso estructurado que permite analizar los resultados obtenidos en relación con los objetivos planteados. Según diversos autores (Ander-Egg, 1998; Juliá Méndez, González y Fabelo, 2006), la evaluación debe considerar:
- El problema que se pretende resolver.
- Los objetivos y metas del proyecto.
- El tiempo de ejecución.
La evaluación no es un proceso que ocurre sólo al final del proyecto, sino que puede acompañar todo el desarrollo del mismo, permitiendo identificar aciertos y necesidades de adaptación. En este sentido, se pueden distinguir distintos tipos de evaluación según el momento en que se realizan:
- Evaluación continua o formativa: Se lleva a cabo durante la ejecución del proyecto para realizar ajustes en el proceso.
- Evaluación parcial: Analiza el cumplimiento de objetivos intermedios.
- Evaluación final o sumativa: Se realiza al concluir el proyecto para medir su impacto y extraer aprendizajes clave.
Según Jara (2006), «la evaluación no busca tanto realizar una interpretación de la lógica del proceso vivido, sino fundamentalmente analizar, medir o valorar los resultados obtenidos, confrontándolos con el diagnóstico inicial y los objetivos o metas propuestos» (p. 57).
Por su parte, la sistematización es un proceso reflexivo que permite ordenar, reconstruir e interpretar críticamente una experiencia vivida. Para Berdegué, Ocampo y Escobar (2007), citados por Rotondo y Quintero (2016, p.4):
Se basa en un proceso de reflexión e interpretación crítica de una experiencia que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre y hace explícita la lógica del proceso vivido, los factores que intervinieron en dicho proceso, cómo se interrelacionaron entre sí y por qué lo hicieron de ese modo.
A diferencia de la evaluación, que se enfoca en medir resultados, la sistematización busca profundizar en la comprensión de las experiencias vividas, integrando la voz de los actores involucrados y yendo más allá de una simple recopilación de información.
De acuerdo con Jara (2006, p.5), la sistematización puede tener diversos objetivos, entre los cuales se encuentran:
- Comprender más profundamente nuestras experiencias para poder mejorarlas.
- Intercambiar y compartir nuestros aprendizajes con otras experiencias similares.
- Contribuir a la reflexión teórica con conocimientos surgidos directamente de las experiencias.
- Incidir en políticas y planes a partir de aprendizajes concretos provenientes de experiencias reales.
Implementar procesos de evaluación y sistematización en proyectos educativos permite un aprendizaje continuo y una mejora en la calidad de las iniciativas. La evaluación facilita la toma de decisiones basada en evidencias, mientras que la sistematización contribuye a la construcción de memoria institucional y al intercambio de saberes. Como señala Jara (2006), ambas herramientas son complementarias y fundamentales para fortalecer la educación en diversos contextos.
Tanto la evaluación como la sistematización son procesos esenciales para garantizar la efectividad y sostenibilidad de las iniciativas educativas. La combinación de ambas herramientas enriquece la gestión del conocimiento y potencia el impacto de los proyectos educativos en sus diversos ámbitos de aplicación.
Por último, no podemos dejar de lado que evaluar y sistematizar en educación, nos permite ser también más conscientes de que el trabajo que se realiza es con y para seres humanos, por lo que se debe valorar la gran riqueza de perspectivas y experiencias de todas las personas que forman parte del proceso, y así poder transmitir todos esos los conocimientos y aprendizajes para futuros proyectos.
Referencias
- Ander-Egg, E. (1998). Metodología y práctica de la evaluación de proyectos sociales. Lumen.
- Jara, O. (2006). La sistematización de experiencias: Práctica y teoría para otros mundos posibles. ALFORJA.
- Juliá Méndez, C., González, A., & Fabelo, L. (2006). Evaluación de proyectos sociales: Fundamentos y prácticas. Editorial Académica.
- Rotondo, E.L. y Quintero, G.Y. (2016). Facilitación de procesos de evaluación y sistematización orientados al aprendizaje. CELF, ALFA. https://www.facilitarteprocesos.com/wp-content/uploads/2016/09/11Facilitacion-Procesos-Aprendizaje.pdf