Estamos a las puertas de un nuevo ciclo lectivo y es común ver a familias en almacenes y librerías prepararse para la entrada a clases con listas en mano (digitales o en papel), llenando carritos de compras y los niños y jóvenes llenando los pasillos, escogiendo cuadernos y las mejores portadas, las más en tendencia.
Sin embargo, para quienes trabajamos en el área de educación, nos es cada vez más costoso ilusionarnos a ese nivel por el nuevo curso. Pensamientos de cansancio o anticipación mental de las labores por venir hacen que la esperanza por el inicio del curso no siempre sea de agrado.
Mi motivación mayor de presentarles este artículo es que podamos retomar la esperanza y llenar el bulto (mochila) con herramientas que nos preparen para dar y DISFRUTAR nuestra labor educativa. Los retos y las dificultades son inherentes a esta labor, eso es así, pero ¿qué vamos a hacer con eso?
A continuación, le animo a que busquen sus útiles escolares y revisen que no les falte ningún material:
- Lápiz con borrador: planear, escribir, definir y calificar la jornada es parte de la labor, pero siempre será necesario el borrador, porque somos sistemas abiertos y nuestros alumnos y sus familias lo son, con errores, con cambios, con mejoras; nada debería ser tan rígido que no permita borrar y volver a empezar. Mejorar es el reto tanto para los estudiantes como para nosotros.
- Regla o metro: Trazar líneas nos ayuda a saber hasta dónde es la frontera entre una labor y otra, entre una vida y otra. Los límites nos ayudan a proteger lo valioso y determinar prioridades. Midamos y extendamos los límites hasta donde podamos desarrollarnos y permitirle a otros también aportar, pero sin dejar que se sobrepase el costo en nuestra salud integral.
- Pegamento: No tengamos miedo a querer. Llegamos a las vidas de las personas con propósitos; las casualidades no existen y el impacto que nuestra vida puede generar en otra a través del cuidado y la entrega es incalculable. Peguémonos a quienes nos aportan y nos permiten aportarles.
- Tijeras: recortemos malos hábitos, pensamientos de que “aquí siempre se hace así” o “así soy y punto”, eliminemos hasta donde más le sea posible la queja; es un arma pequeña, pero que destruye mucho y amarga el alma docente. Afinemos nuestra vida profesional año con año; la experiencia no solo se acumula en canas, también en decisiones y resoluciones cada vez más maduras.
- Tecnología: No está malo echar mano de la tecnología; estamos enfrentando una generación y una época de la historia muy diferente a la de cuando fuimos formados profesionalmente y aun mucho más diferente de cuando fuimos niños y adolescentes y eso implica que estemos cada vez más familiarizados con la tecnología y que la aprovechemos para planificar, simplificar y optimizar el tiempo para realizar nuestros deberes.
- Papeles de colores: Para nadie es un secreto que trabajar en educación trae días negros o grises, complicados y, en muchos casos, sentimientos de impotencia ante situaciones que quisiéramos que fueran diferentes. Que cada día podamos escribir en hojas de colores, en gratitud y honra a los dones dados por Dios para la docencia, ponerle color a nuestras labores y a las vidas que tengamos el privilegio de impactar por generaciones de generaciones.
Feliz ingreso al curso que se avecina y que el amor por lo que hacemos sea el mayor motor. Cada uno cambia el mundo dentro de cada aula y desde su propia voz. Bendecido inicio a todos los docentes, en especial a los mejores, cada uno de mis compañeros.