Los inicios siempre traen emociones que puede ser encontradas, ya sea por el comienzo de un proyecto, un nuevo empleo, una relación que comienza… o por la llegada de un nuevo año. Es usual que al final de un año y el inicio de otro, las personas puedan verse en espacios en los cuales toman decisiones que pueden ser trascendentales para sus futuros, es hasta común que las personas escriban sus “propósitos de año nuevo” o más actualmente que realicen su “visión board”.
Sea lo que acontece por las vidas en los cambios de año, es también usual que se presenten momentos en los que haya una sensación de abrumo, dado que puede aparecer la incertidumbre, la tristeza por los proyectos no alcanzados, la nostalgia por el año que pasó, entre otras situaciones. Incluso en algunos espacios hablan del “Blue Monday” el cual catalogan como ese tercer lunes de enero, en el cual las personas pueden mostrarse más triste de lo usual que las semanas anteriores las cuales estuvieron regidas por la alegría.
Y ante un panorama como tal es un buen momento para lograr aprender de la incertidumbre, la cual implica reconocer que es una parte natural de la vida y que puede ser un trampolín para el pensamiento y la aceptación de las emociones. Es importante aprender que no siempre se podrá estar con la mejor actitud en todo momento.
Esa incertidumbre puede llevar hacia el desafío, provoca a pensar en algo novedoso para ese momento específico de la vida. Es así como la incertidumbre, bien canalizada y aceptada, puede llevar hacia un pensamiento mayor y de crecimiento, en la cual se aprende que hay situaciones que se salen por completo de nuestro ámbito de acción o de decisión. En ese proceso de aprendizaje de la incertidumbre se puede:
- Aceptar la incertidumbre: reconocer que hay situaciones que eventualmente pasarán a lo largo de la vida.
- Enfocarse en el presente: los ejercicios de mindfulness y el aprender a vivir el momento actual pueden ayudar a aprender de la incertidumbre.
- Identificar aquello que sí se puede controlar: al tener claro cual es el rango de acción que se tiene sobre las situaciones, se puede trabajar por actuar en aquello en lo que sí se puede incidir.
- Desarrollar la resiliencia: aprender a ver los desafíos como oportunidades hacia el crecimiento personal.
- Reforzar redes de apoyo: ante la incertidumbre ¡Pedir ayuda! Podría verse como algo sencillo, pero no todas las personas logran buscar apoyo en sus personas cercanas o incluso en profesionales de ayuda.
- Desarrollar y practicar la flexibilidad cognitiva: adaptando los pensamientos y comportamientos a las situaciones nuevas que se presentan en la vida.
- Cultivar la calma: respirar, soltar, dejar ser… la meditación, la oración u otras actividades que conduzcan hacia el crecimiento.
Así que al casi finalizar este primer mes del año 2025, es buen momento para aprender de la incertidumbre, esa que puede llevar hacia el aprendizaje y el crecimiento integral.