Tal vez a vos no te sucedió, pero yo sí fui de aquellos que, cuando joven, le daba por despreciar la sabiduría de los mayores.
Ya sabés, aquello de que “mis padres y mis abuelos no saben nada; yo sí lo sé y estoy en todas, con la sabiduría y experiencia que me dan mis quince años”.
Hoy bromeo con ello, porque prefiero eso a admitir públicamente que metí la pata en incontables ocasiones, justamente por esa manía juvenil de creer que ya lo sabemos todo.
A efectos del caso, lo comento como manía juvenil, pero la realidad es que eso nos sucede a los quince, a los treinta y tantos y hasta cuando ya vamos rozando los cincuenta. Nosotros si sabemos, lo que nos transmiten los mayores es anticuado y vamos a muerte con nuestro ego, que no conocimiento. Y, por supuesto, a la vuelta de la esquina nos espera el siguiente ‘porrazo’ de vida.
Pensando en ello, en todas mis metidas de pata –las de joven y las de ahora– y en lo sencillo que es o era evitarlas, en muchas ocasiones, es que recordé un par de ideas de la sabiduría antigua.
La primera es que “uno sólo puede dar lo que tiene”. La otra, muy relacionada con ella, es que “sólo voy a recoger lo que yo mismo sembré”.
Hace una semana me apunté a correr una media maratón. El resultado fue un desastre, básicamente porque al kilómetro diecisiete se me acabó el combustible y listo, hasta ahí llegué. Pero es el resultado lógico de una serie de errores que cometí ese día, al no desayunar, al no hidratarme correctamente y al correr sin una estrategia. Di todo lo que tenía, que resultó ser insuficiente, y además recogí el resultado de mi desorden.
Igual me ha pasado en las otras áreas de mi vida, en mi familia, en mis finanzas, en mis relaciones, en mi área profesional, mis estudios. Hasta la vez que alguien se coló en la fila del autobús, me hizo quedar afuera y llegué tarde al examen al que iba. La responsabilidad fue mía y no del colado en la fila, porque yo iba muy ajustado de tiempo, en lugar de haber ido más temprano.
Pero, también ha funcionado al revés. He tenido logros, grandes amistades, buenos clientes y momentos de regocijo, justamente por haberme convertido en la persona que lo merecía. Aumenté mi caudal de conocimiento para poder dar más y, como consecuencia, recibir más.
A las puertas de un nuevo año, vale la pena reflexionar y echar la mirada para dentro. Lo que tenemos, ¿es suficiente para darle a los demás, para ser empáticos, tolerantes y estar dispuestos a servir cuando se necesite? ¿Estamos sembrando lo que queremos recibir de la vida?
Porque así es como se hace un cambio en el mundo. Ya tenemos muchas frases de espiritualidad y de motivación dando vueltas en las redes sociales y en nuestros estados de whatsapp. Necesitamos acciones y a gente que las haga realidad.