El duelo de la voz

Llevo semanas extrañando una conversación con Xio, mi compañera de trabajo. Ella partió en setiembre de este año y su partida la he sentido cada día, unos días con mayor intensidad que otros. Sin duda el dolor es un gran maestro.

Cuando muere alguien extrañamos la presencia de esa persona, sus acciones y vienen a la mente los recuerdos, pero hay algo que estas semanas he aprendido y es que también tenemos un duelo de la voz de ese ser querido.

Pocas veces detallamos y valoramos la voz de las personas que nos rodean; nuestras voces son como huellas digitales y nos distinguen. La voz humana más que un vehículo de palabras es un medio poderoso de expresión de emociones y una forma de establecer y fortalecer las relaciones interpersonales.

Es tan importante la voz, pero también su recuerdo se borra con facilidad, ella y la mayoría de los recuerdos son presa de la selectividad de nuestro cerebro. En general, hablamos y escuchamos tan inconscientemente que las conversaciones y las voces se nos diluyen en pocas horas o días. Particularmente esto algo doloroso, se siente impotencia al no poder almacenar esa información valiosa para siempre y que el tiempo no haga estragos en mi memoria auditiva.

Sin embargo todo enseña y hay algunos aprendizajes que me ha dejado este duelo de la voz y los comparto por si estamos pasando por lo mismo:

  1. Cada palabra y la expresión no se repite y un día se acaba. Un día llegaremos a no recibir esas palabras, no escucharemos más ese timbre de voz y las historias o cantos cesarán. Valoremos.
  2. Escuchar activamente: el tiempo indefectiblemente afectará nuestros recuerdos, pero qué regalo tan grande es escuchar activamente en el presente, y no solo para la persona que nos habla sino para nuestro corazón que buscará que esas palabras encuentren lugar permanente contra el tiempo.
  3. Siempre nos van a hacer falta algo o alguien. Así es la vida, ese es su diseño y debemos aprender a encontrar el gozo dentro de las pérdidas. El no hacerlo afectará nuestra vida y las relaciones con quienes si están aquí y ahora.
  4. Demos la bienvenida con alegría a las personas nuevas que la vida trae. Nunca se reemplaza una vida, la hacemos mas grande en aprendizajes y amor.
  5. Grabe audios, mensajes, videos… en esta era digital tenemos muchas herramientas para ayudar a nuestra memoria a no olvidar esas voces y aunque puede doler escucharlos cuando ya no están, es una forma de honrar lo vivido con esa persona.
  6. Cierre etapas y agradezca: la gratitud es un remedio para el dolor, la gratitud por el tiempo compartido es una medicina poderosa cuando no estamos juntos. La gratitud consuela y da paz al corazón que necesita resignación.

De seguro, con ayuda de Dios y nuestras redes de apoyo internas y externas, podremos aprender a vivir con la idea de las conversaciones inconclusas, las palabras faltantes y la ausencia de los timbres de voz que se apagaron en el camino. Disfrutemos lo que tenemos y a quienes tenemos.

Este artículo va dedicado con todo el amor a la hermosa memoria de Xio, a mis abuelos que no están conmigo y a cada persona que como yo que en esta fecha de alegría y fiesta está extrañando la voz de alguien. Ánimo.

Publicado por Ana López García

Profesional en Orientación y mamá de Esteban. A Dios le debo todo. Soy amante de los atardeceres, la playa y el té matcha cada mañana. Me encanta ver milagros en lo más sencillo.

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