Estas semanas han comenzado a aumentar las lluvias en muchas zonas de nuestro país. No en pocas ocasiones escuchamos los famosos comentarios: “este clima está cada vez más loco”, o “qué dicha que ya está lloviendo”. Sin embargo, un fenómeno tan conocido como el clima, puede llevarnos a reflexionar sobre muchas realidades que están más allá de lo que vemos superficialmente. “Llueve para todos”, pero no a todos nos llueve igual.
Para muchos es una alegría y una satisfacción que pueda llover. “Tomar un libro, un café, y acomodarme en mi cálida casa”, o “qué bueno que le caiga algo de lluvia al jardín”. Y claramente las lluvias son necesarias y buenas para el ciclo de la naturaleza, para las siembras, la energía, y muchas cosas más.
Sin embargo, “un buen aguacero” no tiene el mismo significado para todas las personas. Muchas veces no nos damos cuenta que del otro lado de la ciudad, o incluso del mismo barrio, hay personas y familias para quienes “un poco de lluvia” más que ser algo reconfortante, es una constante amenaza; una muestra de la inseguridad en la que viven. Quizás muchas personas viven en casas construidas en condiciones muy limitadas, o en zonas que suelen inundarse, y que cada día es una ruleta: saber si su casa sobrevivirá, si sus cosas se mantendrán secas, o tendrán que tomar medidas fuertes de protección.
No se trata tampoco de ver la vida de una manera negativista, ni de tener que sentirme culpable porque mi realidad es más ventajosa que la de otros. Pero si se trata de ser conscientes de que mi realidad no es la única, y que algo que a veces puede parecer por norma algo “bueno” no a todos nos afecta de la misma manera.
Muchos hablan del “privilegio” y quizás si sea un término que puede tener mucho sentido, al darnos cuenta de que muchos de nosotros tenemos el privilegio de tener una casa bien construida, de vivir en una zona segura, de tener la comodidad y la tranquilidad “garantizadas” ante un fenómeno como el clima. Ese tipo de privilegios se puede ver de muchas maneras, pero sin caer en extremos de atacar todo tipo de privilegio como una amenaza constante, la invitación es a ser cada vez más conscientes de los diferentes privilegios que cada uno de nosotros tiene, saber valorarlos, ser agradecidos; pero al mismo tiempo ser cada vez más conscientes de que no todas las personas viven la misma realidad que yo, y que lo que yo hago puede influir en la realidad de mi comunidad o del mundo que me rodea; para bien o para mal.
Puede ser el simple hecho de que yo tuve una buena educación, quizás mejor que la de otras personas de mi contexto: ¿Qué hago yo con esa formación? ¿la utilizo para burlarme de otras personas que saben menos, o para buscar el constante reconocimiento y admiración de los demás? ¿o utilizo mi conocimiento para instruir a otras personas, para construir mayores oportunidades educativas para otros, o para hacer que más personas tengan acceso a información veraz y enriquecedora?
Quizás yo tengo una situación económica favorable, ¿eso en qué me convierte? ¿en alguien que busca crecer su propio capital y estar cada vez más cómodo, sin importarle a qué costo, o sin importarle las demás personas? ¿uso mis recursos para cosas buenas para mí y para los demás, o sólo me interesa acumular y acumular, sin pensar si quiera en que hay otras personas con grandes necesidades que no tienen ni siquiera para cubrir sus necesidades básicas?
Es importante reflexionar sobre mi lugar en el mundo, pero también sobre la realidad que viven las personas a mi alrededor. Reconocer mi papel en la comunidad y en mi contexto, sabiendo que todos somos parte de una sola humanidad, y que falta mucho para construir un mundo más justo para todos.