Sal de tu caverna

El mito de la caverna de Platón describe a unos prisioneros encadenados de pies y cuello dentro de una cueva. Sin poder moverse, solo pueden observar las sombras proyectadas en la pared por un fuego encendido detrás de un muro. Estas sombras conforman su única realidad. Sin embargo, un día, uno de ellos logra liberarse, y al salir de la cueva, queda momentáneamente cegado por la luz del sol. Poco a poco, comprende que la realidad es muy distinta a lo que había percibido dentro de la caverna.

Así como en el mito, en nuestra vida cotidiana también existen «cavernas» que limitan nuestra percepción de la realidad. A veces estamos encadenados en el ámbito laboral, donde nuestra visión del mundo se reduce a lo que observamos desde un escritorio de oficina. En la paternidad, podemos adoptar una postura autoritaria, temerosa o permisiva que nos impide ver más allá de nuestras propias experiencias. En lo espiritual, muchas veces seguimos reglas, métodos y expectativas basadas en vivencias ajenas, olvidando que la fe y la espiritualidad son procesos personales y únicos.

Sea cual sea la caverna en la que nos encontremos, es fundamental soltar las cadenas que la sociedad, las costumbres o las personas nos imponen. Solo así podemos comprender verdaderamente las necesidades de quienes nos rodean. Las personas llegan al trabajo, a la escuela, a la iglesia o a cualquier otro espacio como seres humanos únicos, aunque muchas veces solo reflejan sombras de su realidad interior. Nadie abre su corazón de la noche a la mañana; por ello, es esencial construir confianza, ya sea a nivel profesional, familiar o espiritual.

Salir de la caverna puede ser deslumbrante o abrumador, pero con el tiempo adquirimos claridad y comprensión sobre las verdaderas necesidades de los demás. Esto nos permite trascender las acciones superficiales en los equipos de trabajo, los grupos de apoyo e incluso en las familias, donde a menudo solo se abordan las apariencias por miedo a enfrentar la realidad.

Abandonar la caverna implica liberarse de la rigidez teórica, del pensamiento colectivo impuesto y de los métodos que no contemplan la diversidad de experiencias. Ante todo, debemos recordar que estamos interactuando con personas, cada una con sus propias vivencias, estructura cognitiva, angustias y motivaciones.

Antes de actuar, primero escucha, indaga y analiza quién es la persona con la que interactúas. Solo entonces su comportamiento tendrá sentido, y la teoría y los métodos serán herramientas útiles para ofrecer el mejor acompañamiento.

Referencias:

Platón (1871) Obras competas de Platón

Publicado por David Chavarría Venegas

Profesional en Orientación, docente universitario, humano en formación, creyente, esposo, hijo, hermano, tío y amigo, amante de la naturaleza y los juegos.

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