Este fin de semana ha estado lleno de gestos románticos: flores, chocolates, cenas especiales del Día del Amor y la Amistad y muchos otros detalles; y aunque celebrar el amor es maravilloso, ¿Qué tal si hoy nos detenemos a reflexionar sobre el amor en un sentido más amplio? Porque el amor no es solo un momento, ni una fecha en el calendario, ni una historia de pareja. El amor es una fuerza que nos atraviesa y nos conecta de muchas formas, a veces sin tomarnos el tiempo suficiente para darnos cuenta de que ahí está.
El amor se expresa en una infinidad de maneras, todas igual de valiosas.
- El amor en la familia: No solo el amor de pareja es importante. Hay un amor inmenso en la relación con nuestros abuelos, con nuestros sobrinos, con esos hermanos que nos han acompañado en la vida.
- El amor en la amistad y la comunidad: También puede pasar que el amor más genuino no provenga de la familia biológica, sino de personas con las que hemos construido lazos a lo largo del tiempo: amigos que se han convertido en hermanos, compañeros de trabajo que han estado en los momentos difíciles, personas con quienes compartimos un proyecto o un sueño en común.
- El amor a uno mismo: ¿Cuánto amor nos damos a nosotros mismos? A menudo buscamos el amor en los demás, pero olvidamos que nuestra relación más importante es con nosotros mismos. Cuidarnos, respetarnos, darnos espacio para crecer y sanar también es una forma de amor.
- El amor a la naturaleza y a lo que hacemos: Amar también puede significar conectar con la vida que nos rodea. Puede ser el cariño por nuestras mascotas, el asombro ante la belleza de un bosque, la pasión por lo que hacemos cada día.
- El amor y la espiritualidad. Muchas personas encuentran la vivencia del amor en algo más grande que ellas mismas. Puede ser en la relación con la trascendencia, con el propósito de vida, con lo que algunos llaman Dios y otros nombran de distintas maneras. Es un amor que se expresa en la fe, en la conexión con lo sagrado y en la búsqueda de sentido más allá de lo inmediato.
A veces confundimos el amor con dinámicas que en realidad hacen daño, popularmente se habla de «amor tóxico» cuando lo que en realidad sucede es que algunas relaciones se construyen desde la dependencia, el miedo o la obsesión. El amor sano, en cambio, nos permite crecer, respetar al otro y sentirnos en paz. Es un amor que no asfixia, sino que nos da la libertad de ser quienes somos.
El ser humano es un ser vincular, amar es parte de nuestra naturaleza, y existen muchas formas para llenarnos de amor. No depende exclusivamente de una pareja ni de un romance idealizado; el amor está en los pequeños gestos, en el cuidado mutuo, en el espacio que nos damos para ser felices con nosotros mismos y con los demás.
Cada día es un buen día para celebrar todas las formas de amor que tenemos en nuestra vida, para agradecer lo que tenemos, para darnos amor a nosotros mismos y para recordar que el amor verdadero no es una cadena, sino es un puente que nos conecta de una manera sana, libre y plena.