En algún momento de la vida llegó a mi esa famosa frase de “escribir un libro, sembrar un árbol y tener un hijo”. Imagino que, en el momento de pensarse, era un buen indicador de las expectativas que se tenían para una persona de bien.
El asunto es que transcurrió el tiempo y quizá esos tres elementos se fueron diluyendo. Por un lado, porque hay personas brillantes que probablemente no tengan las habilidades –ni la paciencia– de sentarse a escribir un libro. Quizá haya otras personas que sí, podrían escribir un libro pero se les morirían todas las plantas, incluso las de adorno hechas de plástico.
Por otro lado, existimos personas a las que esas tres expectativas se nos quedaron cortas, no por presunción sino porque somos muy activas (varios libros, tres árboles y dos hijos en mi caso). Y se entiende también que todos tenemos el potencial de destacar en diferentes áreas, no necesariamente en la agricultura, la escritura o la crianza de hijos.
Entonces, quizá esas tres expectativas de antaño no siempre calzan ni con el mundo actual ni con nosotros.
Pero, lo que no debería cambiar es el hecho de tener expectativas altas. Hay dos razones principales para ello.
Primero, porque tener expectativas altas no nos permitirá conformarnos con ‘cualquier cosa’. Siempre habrá un estándar ideal de lo que queremos conseguir. La relación sentimental que quisiéramos, el grupo de amigos con el cual caminar por la vida, el trabajo que nos gustaría tener, el auto de nuestros sueños, etc. Muchos dramas que vemos o tenemos en la vida son, precisamente, por falta de expectativas altas.
Luego, hay que tener claro que las expectativas altas nos transforman. No los resultados, sino el esfuerzo que hacemos por lograrlas. Eso es algo intencionado.
Usemos el ejemplo de escribir un libro. Cualquier persona soñaría con ser el autor de un bestseller del New York Times. Pero, cuando empezamos a ver que por año se publican alrededor de cuatro millones de libros, que para ser un bestseller se espera que vendás de cinco a diez mil copias en una semana y que la mayoría de libros publicados alrededor del mundo no vende más que un puñado de copias, probablemente se te baje el entusiasmo inicial. Pero, si tu expectativa de escribir un libro va ligada a tu crecimiento como persona y/o profesional, poco te importará realmente vender o no vender. Te convertiste en un escritor y ya eso te convierte en un mejor vos.
Si no tenés expectativas y metas altas, irás por la vida saltando de un lugar a otro, de una relación a otra, de una creencia a otra. Nadie sabrá que esperar de vos y nunca sabrás qué tienes para ofrecer como legado en la vida de los demás.
No te conformés con menos. Nunca.