El otro día fui a un supermercado a hacer unas compras y cuando llegué a la caja a pagar noté que había muchas máquinas de pago automático donde cada persona puede escanear sus artículos y pagarlos sin necesidad de que haya alguien atendiendo y me puse a pensar en esta frase que siempre hemos dicho: “nadie es indispensable”. La prueba de esto es que una empresa prefiere poner máquinas automáticas que contratar a alguien para que esté atendiendo.
Ciertamente nadie es indispensable, sabemos que somos frágiles y si nos morimos hoy, mañana pondrán a otra persona en nuestro lugar y la empresa seguirá trabajando como si nada hubiera pasado.
Entonces me quedé pensando… ¿y qué pasaría si sí fuéramos indispensables? Y pues, aunque sé que otras personas pueden hacer lo mismo que yo, ¿qué pasaría si yo tengo un valor agregado que otras personas no tienen?
Creo que la respuesta a esa pregunta sería que nos volvemos indispensables. Y es aquí donde podemos marcar la diferencia entre permanecer en una misma empresa durante mucho tiempo o que vayamos de una organización a otra.
Y por eso, aunque podamos morir hoy, mientras estemos con vida, tenemos que tratar de ser lo más “indispensables” posible, de manera que las empresas, instituciones u organizaciones siempre quieran “tenernos” y que, aunque se haga recorte de personal, o haya alguna crisis, siempre nos quieran mantener a través del tiempo.

Pero ¿cómo se logra esto? ¿Cómo puedo yo mantenerme en el tiempo? ¿Cómo puedo ser indispensable? Bueno, es todo un arte y por eso aquí les dejo algunas recomendaciones:
1. Tener un valor agregado. Yo siempre le digo a las personas que atiendo que si llegan a una entrevista de trabajo y dicen que estudiaron X o Y carrera, el empleador siempre les va a preguntar: ¿qué tienen usted que no tenga las otras personas candidatas? ¿Cuál es su valor agregado? Es ahí donde debo preguntarme, ¿qué habilidades tengo o he desarrollado que me puedan servir para ser más competitivo? ¿Cuáles son mis carismas? ¿Qué experiencias he tenido? Si logramos responder a esas preguntas, podremos encontrar cuál es nuestro valor agregado.
2. Proactividad. Las empresas hoy en día buscan personas que sean proactivas, que no se quedan esperando a que les digan qué hacer, que están siempre en movimiento y que tienen iniciativa. Si todavía no la hemos desarrollado, debemos empezar a hacerlo.
3. Disponibilidad. Tenemos que ser personas disponibles, con disposición de hacer las cosas, si nos piden un favor, hagámoslo (aunque en el momento no veamos una remuneración económica), ya que eso nos puede abrir puertas en el futuro porque las empresas valoran a las personas que siempre están “ahí, presentes” dispuestas a ayudar en lo que se necesite.
3. Agradecimiento. Seamos personas agradecidas, a nadie le gusta la gente que se queja de todo y que es mal agradecida, si queremos mantenernos en el tiempo, agradezcamos lo que la organización ha hecho por nosotros.
4. Fidelidad. Seamos fieles a nuestra empresa, si algo nos molesta, hablémoslo de manera asertiva, buscando construir, pero no andemos “serruchando el piso” a otras personas o hablando mal de otras a espaldas de ellas.
Y, por último, busquemos tener adecuadas relaciones interpersonales, tratemos de llevarnos bien con el resto del equipo, busquemos solucionar un conflicto antes de que se haga más grande.
Ciertamente esto no es fácil, por eso “es todo un arte”, y como artistas que somos, debemos esforzarnos y practicar para ser cada vez más “indispensables”.