¿Construimos paz o destruimos con violencia?

Cuando señalamos las situaciones de violencia que suceden a nuestro alrededor usualmente lo que hacemos es poner distancia, en lugar de preguntarnos hasta qué punto nosotros somos partícipes de actos de violencia en nuestro día a día.

A veces, cuando vemos situaciones de violencia, tendemos a apartarnos sin pensar en cómo podemos contribuir a detenerla. Pero es importante ser conscientes de cuál es nuestro papel y cómo podemos hacer la diferencia en nuestro entorno cotidiano.

Todos los días escuchamos noticias sobre racismo, discriminación, acoso, feminicidios, y otros actos violentos que nos rompen el corazón. Desde la violencia familiar y psicológica hasta los casos más extremos como secuestros y homicidios, la violencia se manifiesta de muchas maneras.

El ciclo de la violencia comienza con actitudes negativas y prejuicios que pueden llevar a comportamientos agresivos. Por eso es esencial educarnos y educar a los niños y niñas desde muy pequeños en valores como el respeto, la igualdad y la empatía. La forma en que tratamos a los demás y les enseñamos a tratar a los demás puede marcar la diferencia.

Debemos empezar por tomar consciencia sobre la forma en la que actuamos minuto a minuto, ya sea si estamos conversando con algún amigo, discutiendo sobre la agenda de la semana en la oficina, haciendo fila para subir el bus o simplemente cenando en casa con la familia; ahí podemos ser portadores de la paz o gestores de violencia.

El tono de voz que utilizamos, las palabras que decimos (e inclusive las que no decimos), una mirada, un desprecio, un correo o un mensaje, cualquier acto que realicemos está cargado de la intención que lo motiva: ¿Actuamos desde el enojo? ¿Generamos rechazo y división? Somos responsables de nuestras acciones y reacciones, se necesita por tanto de una mirada atenta y un corazón deseoso de generar espacios de encuentro y respeto, comenzando por nosotros mismos y permitiendo que nuestra presencia transmita la cultura de la paz.

Si usted sospecha que alguien está siendo víctima de violencia, es crucial actuar con sensibilidad. Escuchar sin juzgar y ofrecerle apoyo. Animar a la persona a buscar ayuda profesional y ofrecerle información sobre recursos de asistencia disponibles. Recordarle que no está sola; que hay organizaciones y personas profesionales capacitadas para ayudar en estas situaciones.

Al final del día, todos podemos contribuir a detener la violencia en nuestras comunidades. Desafiemos las actitudes y comportamientos violentos, fomentemos la empatía y la comprensión mutua y seamos gestores de una cultura de paz.

Publicado por Natalia Galeano

Licenciada en Psicología, Máster en Innovación Social y Economía Solidaria.

Deja un comentario