Un niño, una garza y la importancia de decir adiós

Las películas de animación en los últimos años se han abocado a abordar más a menudo sobre temas más profundos, de manera que en muchas ocasiones su público más específico son las personas adultas. En el 2023 el gran director japones Hayao Miyazaki lanzó su más reciente película Kimitachi wa Dō Ikiru ka (君たちはどう生きるか? lit. ¿Cómo vives?), llamada en Latinoamérica “El Niño y la Garza”.

La película está inspirada en un libro con el mismo nombre, aunque con cambios profundos que la alejan de la novela original. Cuenta en la película la historia de Mahito, un niño japonés que vive durante la época de la segunda guerra mundial, y que a los 12 años pierde a su madre en un incendio mientras la mujer estaba en un hospital. El niño se traslada unos pocos años después con su padre a la casa de su tía (hermana de su madre) quien se ha casado con el padre de Mahito y espera un hijo.

Y en medio de un ambiente lleno de simbolismos profundos y espacios oníricos, vemos a un protagonista que se encuentra enojado y resentido. Mahito se encuentra molesto por lo que vive: perder a su madre, mudarse, iniciar en una nueva escuela, ver a su padre iniciar una nueva relación. Resiente el vivir en medio de la guerra, de la cual su padre incluso se está beneficiando ya que tiene una empresa que crea municiones que son utilizadas en la construcción de aviones.

Mahito se enfrenta con sus dolores más profundos, pero a la vez a sus resentimientos, su mundo ha cambiado y él no sabe como afrontarlo. Aunque es respetuoso con su padre y tía, es evidente que él no desea eso que está viviendo ahora y que es su nueva realidad. Mahito está afrontando varios duelos (la muerte de su madre, el cambio de domicilio, la venida de un nuevo hermano, la nueva relación de su padre con su tía), los cuales le agobian y le encierran en sí mismo, de manera que en los primeros momentos de la película el niño apenas si habla con los adultos a su alrededor.

Allí aparece una misteriosa y mágica garza, la cual acompaña al niño en un viaje de autodescubrimiento, pero también de sanación de sus duelos. Mahito aprende también que él no es el centro de todo, y que las personas a su alrededor tienen emociones y sentimientos por sanar. Y que el protagonista sea un niño de 12 años incluye otro espacio de duelo: el paso de la infancia a una adolescencia con todo lo que ello comprende.

Es una película que habla sobre múltiples temas, pero uno de los que lo rodean es precisamente ese: los duelos y las pérdidas. Porque cuando las personas van creciendo es usual que esas pérdidas se vayan acumulando, y que los duelos sean cada vez más constantes. Es por ello importante ver con una mirada hacia lo que se puede aprender de esos duelos, porque la sensación de pérdida también puede apoyar los procesos personales de crecimiento.

Porque los duelos y perdidas también pueden llegar a crear espacios y momentos de cambio y desarrollo, pero dependerá de cómo lo transite y la re-significancia que se le de en la propia vida. Mahito llega al punto donde aprende a decir adiós, pero a la vez aprende a recibir todo lo nuevo que llega a su vida. Y es que para recibir lo nuevo, muchas veces es necesario dejar ir algo.

Publicado por Víctor Hugo Jiménez Lemaire

Profesional en Orientación, Promotor Teatral, Recreacionista. Enamorado de la Educación en primera infancia.

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