A veces ayuda más quedarse callado

Domingo, muy temprano, estoy a un costado del Parque Metropolitano la Sabana. Me había desplazado hasta allá en bicicleta para ir a ver a algunos de mis amigos del equipo de atletismo que participaban de una carrera y eventualmente saludar a otros que anduvieran por allí en el evento.

Alrededor de las 8:00 am emprendo el regreso a mi casa y cuando voy pedaleando veo a Osquitar que aún estaba corriendo a esa hora.

Me devuelvo y me pongo a la par suya: “Algo me dice que estás corriendo más de 21 kilómetros”, le digo. La expresión en su rostro y su paso más lento de lo usual me lo confirmaban.  

“Si, llevo casi 28 kilómetros pero ya voy sin piernas”, es su respuesta.

Yo soy sumamente positivo pero, casi de inmediato, el lado izquierdo de mi cerebro empezó a hacer cuentas: “lleva casi 28 kilómetros, le faltan como 15 más para terminar la maratón, va sin fuerza en las piernas, tiene que subir Rorhmoser dos veces, regresar a San José, está demasiado caliente, ya van quedando menos corredores en la ruta…”.

“No lo va a lograr” fue mi conclusión. Pero no se lo dije. Es más, creo que no dije nada. Sólo me fui rodando en mi bicicleta a su lado un par de kilómetros. No podía quedarme más, entonces le deseé suerte, que Dios lo acompañara, mentalmente le bajé algunos Santos a que lo acompañaran como refuerzos y me regresé a la casa.

En la tarde, en un post de mi Facebook personal, me escribió “gracias Fabri por acompañarme esos metros. Me entró un nuevo aire y la terminé (…) ¡vencí ese gigante!”. Ese mensaje me alegró la tarde, el resto del día y la semana.

Luego le mandé un audio más relajado y alegre confesándole mis pensamientos negativos pero que realmente estaba feliz por su logro. ¡Y que, como moraleja, a veces ayuda más quedarse callado!

¿Te ha pasado alguna vez, que tus buenas intenciones te ganan y abrimos la boca sólo para descubrir que estropeamos todo?

A veces ayuda más quedarse callado y acompañar. Quizá la empatía no alcanzará en esos momentos, un consejo no obtendrá un receptor de buen ánimo y la comprensión hará poco. Pero, estar allí, eso ayuda mucho.

¡Felicidades y mil gracias por la lección, Osquitar!  

Publicado por Fabrizzio Ponce

Gestor de RRHH y Entrenador de líderes, con formación adicional en Administración de Negocios, Liderazgo, Motivación y Coaching. Ayudo a crear y formar líderes, personas y equipos de alto rendimiento.

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